MI PRIMER VIAJE EN BARCO


Por Osvaldo Bergonzi

La noche anterior no podía pegar los ojos. Tanta ansiedad me embargaba que mi madre tuvo que administrarme un sedante. Ni bien despuntó el alba salté de la cama como un resorte. Las maletas ya estaban hechas en tanto un auto con chapa blanca nos aguardaba. Ni bien llegamos a la plaza Isabel La Católica un enjambre de maleteros nos rodeó. Mi padre que a menudo viajaba ya tenía a uno contratado. Todos ellos llevaban en el pecho una placa de broce con el distintivo de su habilitación para ejercer tal oficio.

Al llegar a la rada levanté la cabeza. Un enorme barco se hallaba a mi vista. Leí BRUSELAS en algún lugar. Tenía hacia el centro – a babor y estridor – paletas como aquellos paquetes viajeros del Mississippi a que hacían referencia las novelas para niños. Extasiado observé al numeroso público allí presente para despedirnos. La salida y llegada de los llamados PAQUETES DE LA CARRERA constituían todo un acontecimiento nacional.

Ni bien ingresamos por la escalerilla habilitada, se presenta un mozo con botones dorados hasta el cogote. Toma nuestras valijas y amablemente nos conduce hasta nuestros camarotes. La arquitectura interior al más puro estilo victoriano llamaba inmediatamente la atención de los viajeros. Una vez ubicados subimos por la escalera central para ver el espectáculo exterior. Con parecido diseño al del Titanic pero mucho más modesto en tamaño y esplendor, igualmente impresionaba. El muelle estaba colmado de gente. Parientes, amigos y numerosos curiosos, EN SU INMENSA MAYORÍA RAÍDOS DE PIES DESCALZOS ,se agolpaban para observar la escena.

A las 08:00 horas zarpa el buque cuando a una señal del capitán se desprenden las amarras. Simultáneamente el “BRUSELAS” hace sonar su primera pitada bien grave, luego una segunda más aguda, mientras corpulentos tripulantes recogen los aparejos recién lanzados por los operarios del muelle a la par que el ancla es levada por una rueda giratoria que jala su cadena produciendo un característico sonido indicador. Así, lentamente el enorme dispositivo con forma de arpón va aflorando a la superficie hasta colocarse en su sitio a estribor de la proa. Construido en Inglaterra en 1908, el referido vapor realiza la carrera entre Buenos Aires y Asunción desde hace mucho tiempo.

Al mirar a la gente y sentir que nos distanciábamos fue una extraña sensación. Al instante se levantan vibrantes pañuelos a la vez de acucharse gritos de despedida en tanto los numerosos curiosos de pies descalzos reían de buena gana con el gratuito jolgorio. El  BRUSELAS  enfila hacia la correntada del río Paraguay tras abandonar la bahía de Asunción.  Al alejarnos solo se podía distinguir bien la iglesia de la Encarnación y el Palacio de gobierno. El resto de la arquitectura era de una pobre chatura colonial con tejas y paja salvo algunas que otras edificaciones que no traspasaban los dos pisos. Corría el año 1950. Hacía tres años que había vuelto al poder el PARTIDO COLORADO para reconstruir el Paraguay.

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