¿SE APUESTA POR LOS PAYASOS O POR EL DUEÑO DEL CIRCO?


Por Fausto Peña

En los últimos años los Estados Unidos cambió radicalmente su política exterior en América Latina. Anteriormente enviaban embajadores que apenas parloteaban el español y además se tomaban el atrevimiento de opinar sobre asuntos internos en esta parte del continente.

Así, con el correr del tiempo, se hicieron odiosos. Si algo molesta es que un extranjero asuma posturas de  SUMO PONTÍFICE. Quizá la guerra fría con la ex Unión Soviética los empujó a realizar esa política. En una región en proceso de desarrollo esa actitud se granjeó la antipatía del mundo latinoamericano.

Se inauguraron con nosotros en enero de 1859 trayendo una flota de 19 navíos de guerra para reclamar las fantasías de un cónsul y a la vez empresario y por la muerte de un timonel de un buque (LA BRUJA DEL AGUA)  que invadió aguas jurisdiccionales paraguayas. Más adelante, las invasiones perpetradas en el Caribe contra varios países hispanos aumentó la antipatía. Entre ellos,  Cuba, en varias ocasiones ocupada. Pero su cenit de resentimiento se alcanzó con  la política del  GARROTE liderada por Teddy Roosevelt.

Este presidente norteamericano propició la independencia de una provincia colombiana al solo efecto de explotar económicamente un canal que iba a unir el océano atlántico con el pacífico. Aquello caló hondo en la América Latina. En esa ocasión, una vez constituido el nuevo ESTADO creado en forma artificial por capitales americanos se presenta un representante de las barras y las estrellas para reconocerlo jurídicamente.

Nace así la voz  IMPERIALISMO NORTEAMERICANO que se extendió en el sur del continente americano y que permanece hasta la actualidad. Hay  Sambenitos difíciles de desabrocharse por más esfuerzos que se haga. A lo cual se agregan tantas injerencias e intervenciones en la política de los hispanos como aquella tan desembozada y grotesca contra Juan Domingo Perón en la Argentina.

Estos recuerdos amargos, sin duda, han quedado sedimentados. Pero en la actualidad esas terribles cosas han cambiado de rumbo. Los embajadores norteamericanos hoy día se han vuelto muy cautelosos. Ya no opinan como antes que es lo que deben hacer los gobiernos. Sus representantes, por lo general, traen ahora consigo un apellido hispano a la par de hablar muy bien el idioma. Se están comportando con prudencia y eso se halla a la vista. Ni siquiera responden los exabruptos de Hugo Chávez cuando que antes por nimiedades ya enviaban a sus MERINER a dar un escarmiento.

Esta política menos ingenua y más astuta de los americanos que aquella otra tan prepotente deja fuera de juego a los nuevos profetas del marxismo. Por eso, países como Colombia, entre otros, han optado por acercarse al líder del mundo occidental, más aun luego del la elección del nuevo presidente de los Estados Unidos, un hijo de africano de color. Con esta elección aquella mala imagen ha quedado sino poco menos que sepultada, por lo menos, más acorde con los tiempos que vivimos.

De ahí que los gobiernos de América Latina  deben pensar muy bien el rumbo a seguir en el futuro. O colocarse del lado de los payasos delirantes que a nada conduce o colocarse al lado del remozado dueño del circo más dispuesto a conocer la realidad latinoamericana.

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