DISTRACCION CERO


Por Cándido Silva

Cumplido el ineludible trámite electoral de los comicios primarios, el internismo característico de esos eventos desaparece por completo de escena en las asociaciones políticas, cediendo su espacio a la institucionalidad partidaria, al menos en aquellas entidades que con sentido de compromiso conducen sus miras a ensanchar o, por lo poco, conservar sus conquistas políticas.

En el Partido Colorado, una vez formalizado los resultados definitivos de las compulsas del 18 de julio último, habrá que concentrarse exclusivamente en las municipales de noviembre próximo, competencia cívica en la que por vez primera calibrará el estado actual de su poderío electoral, luego del revés del 20 de abril de 2008.

Más aún considerando su accidental circunstancia de Partido opositor, lo imperativo es que tanto la dirección partidaria como la dirigencia de base y la comunidad colorada en su conjunto, no extravíen ni por décimas de segundos la atención de ese peliagudo desafío que moviliza a todos los distritos del país.

En otras palabras, cualquier otro emprendimiento, proyecto o actividad que se oponga u obstaculice la diamantina cohesión de fuerzas al interior de la ANR, factor capital para transformar en hechos triunfales la teoría de los padrones, debe ser desechado ipso facto, sin vacilaciones, o nos exponemos a precipitarnos en un internismo extemporáneo y de efectos desastrosos.

No emulemos a la Rusia de 1917 donde, en plena guerra mundial contra las potencias de Europa central, lideradas por Alemania y el imperio Austro-Húngaro, deponen cruentamente el régimen zarista entronizando a los marxistas (bolcheviques), resquebrajando la unidad nacional en coyunturas en que se jugaba la soberanía del gigante eslavo, milagrosamente socorrida gracias a la entrada de los EEUU de América en el conflicto bélico.

Tal vez el ejemplo ofrecido sea algo exagerado y perdido en el tiempo, pero viene al caso para aseverar que no habrán EEUU de América ni chapulines colorados que nos salven de la debacle si, en el colmo de la ineptitud, nos descarriamos y anteponemos en estos cruciales meses ambiciones individuales o sectarias, postergando el interés supremo del Partido, cual es el de revalidar y ampliar su hegemonía en los gobiernos comunales.

Prosiguiendo, es perfectamente legítima la aspiración de todo colorado y colorada de postularse para los diversos cargos de elección popular. Naturalmente, los requisitos para optar por las candidaturas a dignidades partidarias, parlamentarias, presidenciales, departamentales y municipales, se hallan inequívocamente establecidos en el Estatuto Partidario.

Y en ese orden, la antigüedad en calidad de afiliados, la consabida conscripción partidaria, es exigencia irrecusable a la hora de oficializar pretensiones electorales. Nadie que no ajuste sus aspiraciones a lo señalado taxativamente en la ley matriz del coloradismo, podrá tentar válidamente en las urnas ganar la representación del Partido.

Es muy cierto que un apreciable número de ciudadanos y ciudadanas paraguayos, prominentes algunos, sin ser afiliados, simpatizan y adhieren espontáneamente a los principios y programas del Partido de la nacionalidad. Incluso, en compulsas generales favorecen con su voto a los candidatos de esta asociación política.

Si alguien de esa multitud de hombres y mujeres deseara militar activamente en filas de la ANR, tendrá que obligatoriamente incorporarse a los registros partidarios en carácter de afiliado. Eso en lo que respecta a la participación en los comicios domésticos y demás quehaceres de la dinámica vida institucional.

En cambio, entendámoslo, la admisión o rechazo de las candidaturas están supeditadas en gran medida a la antigüedad del afiliado y la antigüedad es el fundamento de la conscripción partidaria, ese menester invariablemente presente al instante de justipreciar méritos, valorar actitudes y adjudicar cupos en las listas de postulantes.

Entonces, los que anhelan investiduras partidarias o apuntan a la representación en elecciones que involucran al colectivo social, y no cuentan todavía con la antigüedad mínima solicitada, pacientemente tendrán que aguardar transcurra el tiempo que les distancia de su noble afán.

Pero, los ansiosos que buscan o proponen atajos legales para alterar la majestad de la voluntad de más de 1.700.000 republicanos y republicanas consagrada en el Estatuto Partidario, peor aún, deslizan subrepticiamente inquietantes ideas en los umbrales de un intenso proselitismo, incurren en sacrilegio político, cuya penitencia cantada es el confrontamiento interno a deshora, provocando el socavamiento de la homogeneidad y acrecentando los márgenes de derrota.

¡Mesura señores! Ya llegará el momento para debatir con la mente despejada un designio que a prima facie perecerá nonato.-

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