A LOS PARAGUAYOS NOS CONOCEN EN LAS CALLES


Por Suetonio

Al paraguayo se lo puede conocer en la calle. En su calidad de peatón pone en riesgo su propia seguridad. Cruza con frecuencia en la media cuadra en lugar de hacerlo en los lugares indicados con franjas pintadas en las esquinas. Peor aún, cuando se decide cruzar frente a un ómnibus de pasajeros sin prever que una vez traspuesta la protección del citado vehículo puede aparecerle de improviso un automóvil con intención de pasar al ómnibus estacionado y en consecuencia causarle un daño o tal vez la muerte.

Al volante somos un verdadero peligro. No guardamos las distancias y con frecuencia tocamos la bocina sin necesidad asustando a quienes se hallan cerca al solo efecto de apurarles su marcha pues estamos apurados por llegar a nuestro destino. Raras veces se otorga con gentileza la salida de coches trancados en las bocacalles esperando una oportunidad para salir del atolladero. De cada 30 coches, solo uno se digna dar paso a un transeúnte.

En los días de lluvia los choferes de ómnibus se solazan cuando a su paso por los raudales lanzan  marejadas de agua empapando a desesperados peatones. Y peor aun, los pasajeros dentro festejan la ocurrencia y se ríen de buena gana como si estuvieran en carnaval. Por otra parte, es rarísimo observar que un joven o un“caballero” ceda su asiento a una dama incluso aun cuando ésta se halle encinta o se trate de una anciana.

Además, en los días de lluvias se suele ver salir de las casas a patronas y empleadas domesticas para deshacerse de la basura acumulada que va a parar al raudal arrastrando porquerías a su paso. En tanto los transeúntes – llueva o no – tiran muy campantes cajas de cigarrillos, botellas plásticas o latas de gaseosas o cerveza, por solo citar lo mas frecuente.

En las obras en construcción los albañiles se apoderan de las veredas obligando a los peatones a descender a la acera poniendo en peligro la vida dado que no escasean los bólidos a cuyo frente transitan nuestros jóvenes casi siempre volados como el sonado caso de  EL BORRACHO DE LA ARBOLEDA. Y peor aun, nos causan mucha gracia estas cosas en lugar de ponernos a llorar por ser tan irresponsables. El lector le puede agregar otros detalles de su experiencia personal

¿Les parece a ustedes que seremos capaces alguna vez de abandonar el tercer mundo?

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