SE DESTAPA UN BAÚL


Si en Corrientes aparece luego de cientos de años una carta firmada por el fundador del partido colorado del Uruguay, Fructuoso Rivera, que servirá para acusarlo de traidor a Artigas, en los Estados Unidos se destapa un viejo baúl luego de trece décadas (año 2005). Un investigador de la diplomacia americana durante la guerra de la Triple Alianza, Thomas Whigham, se apersona en Maine, en la residencia que fuera de la familia Washburn. En ella desde hace muchos años funciona un museo debido a que siete hermanos de este tronco ocuparon importantes cargos.

 Del libro inédito de nuestro director: LOS HEREDEROS DE LA ESPADA

 Cuatro de ellos fueron congresista por diferentes estados, uno llegó a Secretario de Estado, otro a general y el que nos ocupa fue ministro residente en el Paraguay. El investigador es recibido por la responsable del museo. Ella le muestra todo lo que allí se exhibe. Pero lo que observa ya conoce, como la Historia del Paraguay escrita por el último de los nombrados hermanos. Supuso que hallaría algo más. No obstante,  agradece la gentileza y se despide. Pero cuando está por abandonar el lugar ella lo llama y le dice que ha olvidado algo. Se trata de un baúl con papeles no clasificados que por alguna razón no se exhibe. Le informa que se trata de papeles privados. Bajan al sótano de la casa. Y una vez allí le muestra el viejo baúl. Destapan y encuentran nada menos que el diario privado de Washburn. Un misterio se va a develar. La última ficha del rompecabezas. Se trata de la prueba concluyente de la colaboración del ministro americano en la conspiración CONTRA SOLANO LÓPEZ tantas veces negada por él lo cual incluye a todos los residentes de su casa.  Es la prueba que faltaba para cerrar el Círculo de San Fernando y confirmar definitivamente la participación suya en connivencia con el canciller José Berges, Benigno y Venancio  López, Antonio de las Carreras, Francisco Rodríguez Larreta y los demás. Se debe aclarar que este hallazgo sorprendente obedeció a la tenacidad del investigador, deseoso, no de hallar pruebas de una traición, sino de realizar un estudio de las relaciones diplomática entre el Paraguay y los Estados Unidos. Por eso pasa por alto el tema. Debido a que este autor hiló muy fino durante sus 10 años de investigación sobre el hecho, pudo hallar la prueba escrita en un documento valido e indubitable encontrado en la residencia de los Washburn en Maine. La obra se tradujo al español y se publicó en Asunción sin  percatarse nadie del detalle que aparece al final de ese extenso libro antes de las conclusiones. (Compilación de Thomas Whigham y Juan Manuel Casal bajo el título La diplomacia estadounidense en el Paraguay durante la guerra de la Triple alianza. Abril de 2008 Servilibro. Asunción Paraguay.)

Para que el lector pueda ubicarse mejor hacemos un resumen del  libro de este autor titulado El Círculo de San Fernando. En él se afirma que el ministro José Berges se dirigió a la costa del río Paraguay al sur de Asunción con una bandera blanca y que uno de los acorazados llevaba otra del mismo color, el santo y seña de la traición, en este caso, la entrega de la plaza al enemigo. Se basaba en pruebas circunstanciales que comprobaban que Berges el 22 de febrero se desplazó al sur pero sin saberse muy bien el lugar, siendo este hecho un mero indicio pero nunca una semi plena prueba. Lo de la bandera blanca llevada por Berges era una suposición en base a la del enemigo, pues el gobierno real del Paraguay no se hallaba en Asunción sino en Paso Pucú. Qué hacía entonces allí esa bandera blanca si los marinos brasileros no supieran de antemano que  un parlamento paraguayo les esperaría cerca de su capital. Hasta aquí quedó flotando uno de los tantos indicios misteriosos. Ahora cedámosle la palabra al Ministro Wasburn en su anotación de su diario privado del día 23 de febrero de 1868: “Se dice que el señor Berges, con uno o dos más, han  bajado el río probablemente para tener una reunión con el enemigo”. (Obra citada, página 372 primer párrafo.)

La clave es la expresión “se dice” debido a que en la anotación correspondiente al día 22, según el redactor del diario, no había un alma en Asunción, salvo la policía, y un grupo de militares y empleados del gobierno. De manera que el “se dice” no puede provenir de otra fuente que no fueran Berges y los residentes refugiados en el hotel de su legación, todos ellos más tarde acusados de traición. Al mismo tiempo confirma la bandera blanca de los acorazados “que llevan una bandera blanca y están considerablemente dañados por los cañones de Humaitá”  Sin embargo, Washburn en su Historia del Paraguay, ni por asomo menciona lo de la entrevista de Berges con el enemigo,  un hecho tan grave digno de ser señalado. Por otra parte, cómo el ministro va a saber que el canciller se dirige a la costa del río para “probablemente tener una reunión con el enemigo”, si al mismo tiempo afirma en su diario que la policía no deja circular a nadie por la ciudad e incluso su secretario privado debe esperar un largo tiempo en la policía cada día para obtener un salvoconducto valido por tan solo 24 horas que apenas le permite ir al mercado ubicado en La Recoleta a 3 kilómetros del centro de la ciudad para comprar alimentos. (Ver obra citada.) La anotación del 26 parece ser de  Porter Cornelio Bliss, el colaborador de Washburn en su “Historia del Paraguay” igualmente acusado y juzgado en Lomas Valentinas y repatriado a los Estados Unidos para continuar el proceso que terminó en una investigación en la cámara de representantes.  Sin duda es él. Los mismos compiladores Thomas Whigham y Juan Manuel Casal colocan un signo de interrogación con su nombre. Cedámosle la palabra a Bliss respecto de sus anotaciones del 29 de febrero pues peor sería que le atribuyéramos la autoría al ministro residente aunque el manuscrito se halló en su residencia de Maine: “El señor Berges y sus acompañantes volvieron de su viaje río abajo en la medianoche del miércoles 26”. En suma el canciller estuvo 4 días en la costa del río a hacer qué. Por otra parte no se sabe quienes fueron sus acompañantes,  mencionados primero por Washburn y luego confirmados por Bliss diciendo que eran dos.  Esto ya no es un “se dice” sino una afirmación contundente. De manera que surge la pregunta ¿Además de Berges, quiénes son autoridades  en Asunción? El comandante de armas es el propio hermano del presidente, coronel Venancio López y el ministro de guerra interino, el mayor Francisco Fernández. Otro era el comandante de la plaza, coronel Juan Gómez, además del jefe de policía Matías Sanabria. Todos ellos con Berges fueron enjuiciados y fusilados salvo Venancio López a quien se le conmuta la pena. Esta nueva prueba de la conspiración se asimila al reciente hallazgo en Corrientes respecto a la carta de Fructuoso Rivera dirigida a Francisco Ramírez proponiéndole su ayuda para asesinar a José Gervasio Artigas. Aclarado este pasaje tan importante que viene a confirmar una larga investigación, pasemos a otra prueba no menos interesante que converge con los hechos. Decíamos  en capítulos anteriores que el 20 de febrero constituía una idea fija o una obsesión brasilera. Washburn, nos confirma tal cosa en su diario cuando se refiere al paso de la escuadra en Humaitá en febrero de 1868:“Es probable que hayan forzado el pasaje ayer 20 de febrero puesto que fue el aniversario de la batalla de Ituzaingó, la más dolorosa derrota en los anales brasileros, de la cual trataron de lavarse hace tres años entrando en Montevideo ese día”. Washburn, por supuesto desconoce el otro 20 de febrero de 1852 cuando el imperio desfiló triunfal por las calles de Buenos Aires. Caxias le impuso como condición previa para pagarle el soborno a Justo José de Urquiza por su traición a Juan Manuel de Rosas. Los compiladores aclaran que su anotación corresponde al 22 de febrero que cuando dice ayer 20 de febrero comete una equivocación. Ellos suponen que fue escrito dos días antes. En los registros históricos el pasaje fue realizado en la madrugada del 19. ¿Qué nos dice esta última fecha? Nada menos que cierra el misterio. Los brasileros partieron el 19 para llegar a la Asunción el 20 de febrero sabedores que sus cómplices les esperaban para capitular la plaza. Por eso fue Berges  a esperarlos y advertirles que no todos en Asunción se hallaban complotados. Pero lo de la obsesión del 20 de febrero solo lo sabía Caxias y no Berges ni  los marinos brasileros. (Ver en el Círculo de San Fernando, obra citada, la explicación de esta desinteligencia.)

De todo cuanto se lleva expresado se deduce que el mismo personaje (Caxias) que insistió en desfilar en Buenos Aires el 20 de Febrero de 1852, fue el mismo instigador para hacer lo propio en Montevideo el 20 de febrero de 1865 y el mismo quien intentó reprisar lo mismo en Asunción en ese día nefando para el Brasil, lo cual nos confirma…… que el Marques de Caxias fue un patriota, y Bartolomé Mitre, su cómplice en las tres oportunidades. Y la conspiración comprobada en forma irrefutable. El círculo de la traición ha quedado cerrado definitivamente de modo que retomemos el camino.

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