ÉPOCAS Y PERSONAJES


Una página que rescata hechos y personajes de la historia tanto de nuestro país como de otros. En algunos casos reflejan folklóricas nostalgias pero a la vez nos señalan interesantes novedades que pueden servir de ejemplo para corregir conductas. Proseguimos con el último capítulo del libro inédito de nuestro director titulado LOS HEREDEROS DE LA ESPADA.  Los genocidas del Paraguay. Gastón de Orleáns finalizó y proseguimos con Domingo Faustino Sarmiento, el instigador, que ofreceremos en 4 entregas Se agrega el evangelio del domingo del 11 de octubre.

Domingo Faustino Sarmiento (2)

Domingo Faustino Sarmiento nace en la ciudad de San Juan, República Argentina, el 15 de febrero de 1811. Su padre, Juan clemente Quiroga Sarmiento y su madre, Paula Albarracín, son del lugar. Lo que no se explica a pesar de haberse hurgado muchos documentos es el nombre que aparece en su partida, Faustino Valentín y no Domingo Faustino. Lo mismo sucede con su apellido Quiroga. En realidad debe llamarse Faustino Valentín Quiroga. Qué coincidencia, un Quiroga escribirá sobre otro Quiroga. Queda para el misterio aunque no reviste importancia.

En su juventud participa en las luchas entre federales y unitarios. Al principio elige el buen sendero al enrolarse con los primeros, pero de pronto cambia como suele suceder con los jóvenes atropellados. Se dirige a las carpas de los unitarios en el peor momento político de los mismos en que va emergiendo en el firmamento la señera figura de Juan Manuel de Rosas para quedarse por muchos años en el poder.

Con tan solo 20 años, Sarmiento, se ve obligado a emigrar a Chile. Corre el año 1831. Allí consigue distintos trabajos dentro de las humildes pretensiones de un joven extranjero para mantenerse. Logra un puesto de maestro de escuela.  Más tarde  se convierte en minero, no patrón sino peón. Estas cosas sucedidas en plena formación agrian el carácter. Lo debe haber vivido y más tarde  rumiado en varias  cartas pues su familia pide su regreso. Así, en 1836 lo tenemos nuevamente en su ciudad natal. No ha realizado estudios superiores, en consecuencia no adquirió conocimientos sistematizados en ninguna disciplina. El peligro constante en estas latitudes, el de los intérpretes de las obras de los filósofos de la ilustración que venimos señalando en este libro, se dará con Sarmiento como se dio en Francia con Marat, una verdadera destilería de odio en pleno París. Solo que al francés lo acallaron pronto de una puñalada en su bañadera, de lo contrario hubiera rivalizado con Robespierre en el empleo de la violencia, la instigación y el crimen. Ambos, Marat y Sarmiento, proceden del campo y por tanto con resentimientos sociales. Quizá por eso el sanjuanino se pasa a los unitarios. Quiere ser un hombre, ilustrado, superior. Le quedan muy chicos sus compueblanos. Tiene aspiraciones, sin duda,  y bastante  talento para escribir pero lamentablemente al estilo de los revolucionarios jacobinos. Y el odio….solo produce muertes y más muertes.

Toma contacto con la sociedad literaria, La Asociación de Mayo, una institución de carácter político y no cultural donde milita Bartolomé Mitre. A partir de ahí nace la amistad entre ellos. Funda en 1839 un diario como Marat. Lo llama El Zonda. Algunos supondrán por un valle que lleva ese nombre en la provincia de San Juan. Pero analizando mejor se trata de un viento fuerte, cálido y seco proveniente de los contrafuertes andinos de la provincia de Cuyo que lleva ese nombre y provoca inquietud y desazón en la gente, como el Ibytu tarová (viento loco) del Paraguay que lo irritaba al Supremo Dictador al extremo de sacarlo de sus casillas. Quizá  con este nombre desee irritar al restaurador. Y lo consigue. Pero la aventura dura poco, pues en lugar de escribir sus críticas empleando el sustantivo como lo hará más tarde Juan Bautista Alberdi, su estilo propende al uso indiscriminado del adjetivo lanzado a quemarropa y cuanto más ordinario y  soez mejor. El 18 de noviembre de 1840 es apresado. De vuelta al exilio en chile, pero esta vez tiene mejor suerte dado que encuentra en el presidente Manuel Montt un amigo. En realidad lo que encontró Montt es un argentino capaz de escribir a favor de los derechos de Chile en el sur de las pampas razón por la cual en algún momento Sarmiento será acusado de traidor. Lo cierto es que Montt, en 1845, lo envía a estudiar pedagogía a Europa y los Estados Unidos. En Francia lo conoce a San Martín y vimos la reacción negativa de éste como quedó dicho. Regresa en 1948. Esta etapa parece de estudios, auque no hay consignación de ningún un título académico.

Luego del pronunciamiento de Urquiza contra Rosas en 1851 se ofrece como gacetillero del entrerriano al igual que lo hizo en su momento con Manuel Montt. En suma, un escriba ofrecido al servicio de una espada luminosa y con futuro en ese momento. Pero a Urquiza no le gusta para nada el sanjuanino. Al ver que no consigue ganarse su confianza regresa de nuevo a Chile. En 1855 cuando Buenos Aires se constituye en  una suerte de república aparte respecto de la confederación argentina, regresa y logra un escaño como senador, cargo que ejerce 4 años. Más tarde permanece en el empleo con la provincia de Buenos Aires ya integrada a la confederación partir de 1859, por obra del despistado gobierno del Paraguay como quedó apuntado. Su antiguo amigo Mitre ha escalado alto luego del extraño caso de la batalla de Pavón donde el perdedor resulta ganador.  Así, se convierte en su gacetillero. Pero esta vez su pluma da frutos pues cuando el citado amigo asume la presidencia de la confederación argentina en 1862, pronto Sarmiento se convierte en gobernador de San Juan, su provincia natal.

Es en este momento que lo vamos a conocer al hombre en su verdadera dimensión –  aunque ya vimos parte de su personalidad en el arranque de este subtítulo – dado que ya no se trata de un furibundo periodista combativo sino de alguien con poder efectivo. Y en estas circunstancias se conoce mejor a los hombres. La violencia que hasta el momento no iba más allá de su pluma se va materializar en hechos criminales. Vayamos a las pruebas:

“Ambrosio Sandes, después de la victoria de su ejército en Las Aguaditas, en marzo de 1862, enfurecido por la muerte de un ayudante, asesinó a siete oficiales. Recorrió todo el interior de La Rioja persiguiendo montoneros reales o imaginarios. En la batalla de Lomas Blancas, un gaucho enemigo lo derribó y lo dejó tirado en el campo, perdonándole la vida. Pero logró una victoria y, enfurecido, hizo matar a todos los prisioneros e incendiar sus cadáveres. Volvió a derrotar a Peñaloza en la batalla de Salinas Grandes, donde repitió sus hazañas criminales. En todos los casos, mató a todos los oficiales que cayeron en sus manos, y a muchos soldados. Si bien no era algo que le disgustaba, obraba así por orden de su superior, el gobernador sanjuanino y futuro presidente (y prócer nacional) Domingo Faustino Sarmiento. Éste le había ordenado matar a todos los prisioneros de guerra; Sandes, al menos, perdonó a algunos gauchos, por mero capricho. (Bazán, Armando R., Historia de La Rioja, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1991)

Ambrosio Sandes es uno de los tantos caudillos surgidos en el interior de la argentina desde su independencia. Acostumbrado a matar, encontró por fin un jefe a quien también le gusta el olor a sangre, incluso más sanguinario que él, pues no perdona a nadie. La lucha está dirigida contra Vicente Chacho Peñaloza, personaje mítico al igual que en su oportunidad lo será Felipe Varela.

Sarmiento ha sido nombrado, aparte de su cargo de gobernador, director de la guerra contra el caudillo. Entre Mitre y él idearon un plan para obtener impunidad. Lo declaran fuera de la ley a sus enemigos, en consecuencia se los puede matar sin piedad alguna donde se los encuentre. Durante la dictadura de Rosas nunca se vio algo parecido. El restaurador de las leyes guardaba las formas. Sus enemigos podían caer en lucha franca pero nunca una vez rendidos. Lo Demostró con José María Paz y varios otros. Estos en cambio, enfermos de civilización contra la barbarie, se muestran más bárbaros que los supuestos bárbaros. Finalmente El Chacho se rinde ante tanta desigualdad de fuerzas. Esta vez no se encuentra con Sandes sino con otros no menos peligrosos:

“El vencedor lo persiguió hasta Los Llanos, y Peñaloza se rindió al comandante Vera, entregándole su puñal, la última arma que le quedaba. Pero Irrazábal llegó una hora más tarde y lo asesinó con su lanza, e hizo que sus soldados lo acribillaran a balazos. Era el 12 de noviembre de 1863. Su cabeza fue cortada y clavada en la punta de un poste en la plaza de Olta. Una de sus orejas presidió por mucho las reuniones de la clase “civilizada” de San Juan. Su esposa fue obligada a barrer la plaza mayor de la ciudad de San Juan, atada con cadenas”.

Un final así era de suponerse entre forajidos que no respetan la vida de un hombre indemne que ya no puede defenderse. Pero se hallan amparados por el gobernador Domingo Faustino Sarmiento que así nos anuncia lo que tiene reservado en el futuro para los bárbaros del Paraguay. Si con sus compatriotas obra así que se puede esperar de él. Por eso no debe extrañar su declaración al recibir el informe del asesinato:

“No se que pensaran de la ejecución del Chacho, yo inspirado en los hombres pacíficos y honrados he aplaudido la medida precisamente por su forma.  Sin cortarle la cabeza al inveterado pícaro, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses” (Chávez, Fermín. Vida del Chacho. Buenos Aires: Ediciones Theoria, 1974. Bazán, Armando R., Historia de La Rioja, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1991.)

 

 

† Lectura del santo Evangelio según san Marcos (10, 17-30)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre”.

Entonces él le contestó:

“Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven”.

Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”.

Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios” .

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”. Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”.

Jesús le respondió: “Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna”.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

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