EL FORTALECIMIENTO DEL COOPERATIVISMO


Cualquiera sea el candidato o la candidata a la presidencia por la ANR para las elecciones del año 2013 debe llevar como portaestandarte el sistema cooperativo. No solamente se acerca a nuestra doctrina de solidaridad grupal sino que en los últimos tiempos se ha convertido en una herramienta notable para el progreso. En todas partes del mundo triunfa.

 Por Juvenal

En los países europeos se ha desarrollado en forma notable y en nuestro país los sectores productivos han conseguido logros que unas décadas atrás hubieran sido imposibles de soñar. Ha contribuido para ellos el desarrollo de las comunicaciones. Hoy día las cooperativas se manejan por Internet. Así consiguen las mejores ofertas, realizan sus compromisos de entrega y reciben dinero por adelantado. Lamentablemente solo los descendientes de europeos logran estos propósitos.

No obstante, los paraguayos nativos han incursionado también en el sistema cooperativo, sea con fines créditos en su gran mayoría como en la esfera industrial y comercial en menor grado, pero igualmente con altos índices de crecimiento.

La cultura del trabajo ha sacado a muchos países asiáticos de la pobreza y los han convertidos en países ricos, tales los casos de Corea, Singapur, Taiwán, entre otros. Esa cultura se puede impulsar por medios cooperativos en nuestro país. Dirán algunos que el paraguayo es desconfiado por naturaleza y no sabe trabajar en equipo. Es cierto. Pero eso se puede zanjar con una campaña nacional de cooperativismo. Contamos con profesionales ingenieros agrónomos, agrónomos, economistas y abogados especializados en temas cooperativos.

Es cuestión de ir planificando desde ahora. Si contamos con un fondo para proporcionar capitales iniciales, si elegimos a personas en cada lugar caracterizadas por su honradez, si les enseñamos a nuestra gente las nuevas técnicas de cultivo, si les enseñamos como administrar los fondos de la comunidad y como colocar a los mejores precios los respectivos productos, a partir de ese momento podemos soñar con un Paraguay mejor para nuestros hijos.

Con la cultura de la pobreza solo conseguiremos un país de mendigos. Además está comprobado que esa clase de ayudas pervierten y  se convierten en un pasivo permanente que ira creciendo pues la necesidad es como un barril sin fondo si no es sustituida  por la cultura del trabajo, es decir, por el esfuerzo personal.

¿Qué paraguayo no se va a interesar en progresar si se le muestra el sendero correcto? Somos un país potencialmente rico que con recursos humanos desperdiciados por la cultura de la pobreza lo  lleva a la holgazanería permanente. Creemos que esto se puede revertir con la persuasión y el ejemplo. El paraguayo es desconfiado pero cuando comprueba que sus compatriotas demuestran un interés por ayudarlos inmediatamente cambian. Hoy día se le entrega dinero a las gobernaciones sin mayores controles. Es dinero tirado a la calle o a los bolsillos de los dirigentes. Proponemos un plan centralizado que abarque polos de desarrollo en diversas zonas, matrimonios estables para participar, tierras a ser vendidas a largo plazo, enseñanza en el manejo de los cultivos, enseñanza y acompañamiento en la administración de las cooperativas a ser creadas hasta que vuelen con alas propias, un centro informativo a través de Internet respecto de los precios y los mecanismos de comercialización tanto en el Paraguay como en el exterior.

El paraguayo en general es muy creativo. Lo demuestra cuando sale al exterior y si no creen pregúntenle a los oriundos de Caraguatay que trabajan en New York. Para residir allí hay que poseer algo de talento y la mayoría de nuestros compatriotas se hallan bien económicamente. La mejor prueba son las donaciones que hacen periódicamente en su ciudad natal. No solamente desarrollaron la cultura del trabajo sino también de la limpieza. Ellos mismos cuando vienen a visitar a sus parientes le señalan las basuras. Con la cultura del trabajo viene lo demás, orden aseo y respeto a uno mismo. El que pide limosna no se respeta a si mismo y en consecuencia será siempre una carga para la comunidad.

No vemos por eso otra salida que el sistema cooperativo para el agro. Los esfuerzos individuales corren alto riesgos de caer en la usura, en el chantaje y en los vicios propios de una época donde el intermediario comete siempre abusos. En cambio cuando detrás de uno se halla una hermandad cooperativa las cosas tomarán otro sendero que nos puede conducir al éxito.

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