LA RENOVACIÓN DEL AGUILA


 

Muchas veces la naturaleza nos muestra sus misteriosos códigos movidos por instintos contenidos en la evolución. Suelen pasar desapercibidos debido a los ajetreos propios de la vida no así para otros más observadores que encuentran en tales hechos un mensaje al ser humano. En este comentario se puede valorar su alcance de tal modo a dejarnos una enseñanza cuando debemos tomar decisiones o un curso de acción.

 

 

 

 Por Carlos Ma.Ocampos Arbo

 

El momento actual nos obliga a lecturas de los acontecimientos, especialmente el significativo acto de celebración en la Plaza de la democracia y el mensaje de Lilian Samaniego que por breve y claro, fue dos veces bueno…

Nos confundimos con mucha gente motivada por ver de nuevo una concentración colorada de las dimensiones y la calidad artística con que fue montada. Fue un mentís rotundo a quienes creen equivocadamente que el coloradismo  ya no existe.  El clamor por un reencuentro se ha dado a nivel de pueblo, pero la Unidad no es una palabra mágica que se da por imposiciones ni repitiendo las mismas recetas, sino con desprendimientos buena voluntad y anteponiendo el deseo de muchos antes que el de dos o tres personas, por mejores dirigentes que sean…

Esa noche del 11 de septiembre, volví a casa, pensando en como ayudar en este proceso, y –sin ánimo de cansarles con comparaciones. –  me vino a la memoria la historia que me narrara un líder indígena en Pilauìn en los Páramos del Chimborazo (Montaña nevada la más alta de los andes) hasta donde llegué con un proyecto importante de ayuda a comunidades indígenas cuando ejercía la representación de la OEA en Ecuador.

De pronto a esos 5.300 metros de altura –ya con nieve eterna y a pocos metros –  vi  pasar sobrevolando majestuoso a un águila cuyas dos alas desplegadas llegan a medir casi seis metros…

Vea doctor, me dijo el dirigente indígena; el águila es el animal que mas vive –sobrepasa a veces los setenta años –  y el nos enseña con su ejemplo de vida a desprendernos de los lastres que a veces tenemos los humanos… Efectivamente a llegar a los 35 años, el águila ve curvarse su pico al punto de no poder tomar con él los alimentos; sus plumas se convierten en lastres como en los  humanos son los    vicios; prepotencia, vanidad, egoísmo, prebendarismo, intolerancia. Sus pezuñas se vuelven débiles y no puede afirmarse como antes.

Entonces, es cuando el águila toma una decisión  y sube a las cima de la montaña donde acumuló en su nido alimentos suficientes y comienza un proceso de renovación  para evitar una muerte segura…

Golpea su pico contra las rocas, fuerte y dolorosamente hasta hacerlo caer…. Luego va arrancándose las plumas que son sus lastres y gasta sus pesuñas hasta terminar con ellas.

El águila se queda por algo más de siete meses, hasta que un nuevo pico crece reluciente que le asegure alimentación. Cuenta con nuevas plumas que son virtudes en el hombre; sinceridad, compañerismo, fortaleza, ideales…

Otea el horizonte con sus ojos llenos de experiencia y finalmente se lanza en un vuelo triunfal por los siguientes 35 años de su vida.

Recibí de las comunidades en regalo un poncho de lana colorado que lo guardo como reliquia y las fotos del reencuentro de varias comunidades antes distanciadas…

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