ITINERARIO DE UN DESASTRE ELECTORAL


Hemos finalizado un capítulo del libro titulado TESTIMONIO POLITICO del ex presidente Luís Angel González Macchi seguido de su capítulo final en el que en el  Nº 14 nos explicó el porqué de su decisión de no publicar sus memorias antes de las elecciones del 20 de abril de 2008. Por constituir su lectura de mucho interés continuamos su publicación para nuestros lectores.

 

Por los visto Vanguardia Colorada careció de un buen servicio de información a la vez que su conductor y sus componentes se mostraron igualmente muy propensos a las radicalizaciones tan propias de la inexperiencia. Si un Luís María Argaña supo perdonar a un Juan Carlos Galaverna quien en una oportunidad pidiera que el líder del MRC fuera colgado en una plaza pública, por qué razón un Castiglioni no pudiera pasar por alto las expresiones comprensibles y perdonables de Nelson Argaña y su familia.

La internas coloradas y liberales

Desde el comienzo el enfrentamiento entre el presidente y el vicepresidente fue intenso. Castiglioni comenzó su campaña entre amigos de la seccional 6ta. en el domicilio del Capitán Odilón Ferreira. Inmediatamente se ganó el afecto del electorado en todo el país pero no captó que gran parte de ese afecto constituía más una repulsa a Nicanor que una adhesión a su persona como caudillo. Cuatro años metido en una oficina en la vicepresidencia lo habían tenido como convidado de piedra en el escenario político interno. Justamente por eso lo acusaban sus contrincantes “ahora recién afirma que Nicanor es malo, por qué no lo dijo antes”.

Por otra parte, adoptó el mismo sistema que su oponente, la soberbia. Estoy informado que varios connotados dirigentes del partido colorado le ofrecieron su ayuda desinteresada y nunca los llamó a su lado. El mismo rechazo generacional de Nicanor copiaba Castiglioni. Por lo que se veía, un equipo de reclutas iban a conducir los diferentes movimientos. Entre tanto el presidente, ya convertido en jefe de campaña de Blanca Ovelar, no soltaba el micrófono para vociferar, insultar y humillar al extremo que luego cumplía sus amenazas al destituir de sus cargos a numerosos funcionarios públicos dejando en la calle a sus familias. No le dejaba a la candidata espacio para exponer su programa, a una mujer como ella que sabe hablar en público y es muy clara en sus exposiciones. Lo constaté personalmente cuando ejerció el cargo de ministra de educación durante mi mandato.

Su mentor, entre otras cosas, se ufanaba de haber destrozado el MRC y a los Árgaña y ahora prometía destrozarlo a Castiglioni. Ya convertido en un verdadero energúmeno de la política desatendía sus obligaciones como presidente para acompañar a la candidata en cuanta reunión se llevaba a cabo, siempre insultando y vociferando.

Por su parte, Castiglioni ensoberbecido no se sabe hasta hoy por qué razón, rechazaba toda conversación con los Árgaña a la par que perdía el concurso de Goly Stroessner. Una falta de cintura política que a los que observábamos a larga distancia los acontecimientos nos parecían barbaridades increíbles. Castiglioni, se negaba a darle el lugar que le correspondía con creces a un Cachito Salomón, un dirigente de prosapia heredada de su padre don Felipe Salomón, para colocarles en su lugar a gente sin oficio ni votos. Si sumamos los votos conseguidos en la lista de senadores solamente a los movimientos de Stroessner (n) y Nelson Árgana llegan a 100.000 lo cual hubiera cambiado la historia de las internas. Existe un aforismo que se emplea en política “sabio es aquel que aprende en cabeza ajena y no en la propia”. Oviedo como Castiglioni lamentablemente aprendieron en cabeza propia. El primero debió soportar años de ostracismo pero aprendió y hoy ya no comete errores sino, por el contrario, aciertos. No se puede precisar cuantos años necesitará Castiglioni para recuperarse a pesar de su juventud ni si llegará a tener una oportunidad tan formidable como la que tuvo y que la perdió por su falla de experiencia y su soberbia cometiendo los mismos errores que en su momento los cometió Oviedo, y ahora Nicanor, aunque con una salvedad: Castiglioni, por lo menos, no insultaba pero si se cerraba peligrosamente rodeado por un anillo de reclutas políticos que finalmente lo perdió.

En las internas liberales sucedía algo parecido pero que no constituía sorpresa pues el partido liberal desde el mismo momento de su fundación ya emergió dividido entre Cívicos (Benigno Ferreira) y radicales (Manuel Gondra). Dicho sea de pasada el primero de los nombrados es bisabuelo del próximo ministro de industria y comercio, Martín Heisecke.

Lo cierto es que Federico Franco y Carlos Mateo Balmelli se enfrascaron en unas muy reñidas elecciones. Los hermanos Francos anunciaban que su victoria constituiría un paseo militar pero se llevaron una pelada de frente que nunca imaginaron. Mateo Balmelli con los Llano y compañía tenían uñas de guitarreros y le emparejaron la campaña para terminar en una final de cabeza a cabeza. A mi parecer y de acuerdo a mis sondeos tanto Blanca como Federico ganaron sus respectivas elecciones. El caso del ex senador Pedrozo en las elecciones del Jockey Club puede servirnos de ejemplo. Pedrozo ganó por un voto. Si le agregamos tres ceros a los 151 votos conseguidos por él nos arroja una cifra de 151.000 y una diferencia de 1.000 votos que es un equivalente aproximado de lo que sucedió en las internas coloradas y liberales. Y una derrota de esta clase no se digiere tan fácilmente. El oponente de Pedrozo pidió que se recuenten en tres ocasiones los boletines de votos y siempre arrojaba un voto en su contra. De manera que tanto Castiglioni como Mateo Balmelli fueron víctimas de una derrota muy exigua que mueve a sospechar respecto de su legitimidad. No puedo opinar en detalles las internas liberales pero si de las coloradas. Castiglioni perdió por causa exclusivamente suya pues sabía que se enfrentaba a un oficialismo poderoso en dinero, transporte y operadores rentados. Por eso mismo debió emplear cabeza fría, consultar y gestar alianzas como la que hizo Árgaña con la Coordinadora colorada Campesina de Letradito Ibáñez Varios integrantes de su lista de senadores son personas sin cuestionamientos pero sin caudal electoral. No obstante lo observado, fue Nicanor quien hirió de muerte al partido colorado durante las internas. Tanto fue el insulto dirigido al líder de vanguardia colorada que el hecho no solo irritó a los integrantes de esa corriente sino a la gran mayoría de los colorados entre los cuales me incluyo. El epílogo final con la declaración de victoria contundente por más del 15% anunciada con vociferaciones por el iluminado en medio de un estruendo de bombas y petardos, constituyó la gota que colmó el vaso pues a medida que sus palabras se le agolpaban en la boca a borbotones más parecía un enfermo de un hospital de salud mental que un dirigente político y el tal 15% anunciado con frenesí pronto se convertiría en un microscópico 0.70%.

En esos momentos sentía mucha pena por Blanca Ovelar. Ella no se merecía un sujeto de esta calaña como jefe de campaña. Ella era consiente que su exigua victoria no sería reconocida por su oponente por los mismos motivos enunciados como ejemplo.

Más de 800.000 colorados concurrieron a las urnas. Más de 300.000, no votaron contra blanca sino contra Nicanor. Es la lectura política que se debe hacer y que no entendió desde el principio el Ingeniero Castiglioni que en su propio valle cayó derrotado por considerable margen. Además sus votos provenían de la capital y del departamento central, lugares muy influenciados por los medios de comunicación.

Lo único acertado que realizó fue la unión posterior con Zacarías Irun aunque dicha alianza solo contemplaba el electorado del departamento de alto Paraná. Hay que señalar que este dirigente se unió a Castiglioni poco después de ser despedido violentamente de la residencia presidencial. Una prueba más que los votos fueron fruto de la inquina hacia Nicanor pero sin desconocer el liderazgo de Irun que sabe dirigir los votos y que esta vez mucho le facilitó la actitud del presidente de la república para echar más leña al fuego contra él. En resumen, íbamos a concurrir muy heridos y lastimados entre nosotros en las elecciones nacionales. Igualmente los liberales se lamían sus recientes heridas. Esto quizá les decía a los electores que con los partidos tradicionales no había nada que hacer. Por eso puede considerarse un acierto político de los liberales de dar un paso al costado para enfrentarnos con un candidato outsider (fuera del escenario) como se expresan las nuevas corrientes de opinión en muchos países, alguien no contaminado con la política tradicional.

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