EL IDIOTA PERFECTO


La real Academia Española tiene cuatro acepciones para definir al idiota. En primer término se refiere a la idiocia, una patología respecto a carencias de las facultades mentales que pueden ser de índole congénita, es decir, heredadas de los progenitores. Seguidamente se refiere a aquellos sujetos que carecen de toda instrucción. En su tercera acepción se define al idiota como a la persona engreída sin fundamento para ello. Y finalmente, como el tonto, el corto de entendimiento. En consecuencia, la idiotez, es el hecho o dicho propio del idiota. Se halla además el verbo idiotizar que significa volver idiota, atontar. Para este análisis tomamos como puntos de referencia la tercera y última acepción. 

 

Por Cervantes

 

Con frecuencia sucede que los hijos de gente muy rica asumen en forma natural el papel del idiota. Hablan de lo que no saben y afirman en forma rotunda medias verdades ante un auditorio sumiso que alimenta su ego, por lo general, para vivir o lucrar a su costilla. De manera que tales sujetos creen lo que realmente no son. En el caso de los porteños de Buenos Aires, no de la provincia de Buenos Aires y las demás, se produce el mismo fenómeno por asimilación. Se sienten hijos de la riqueza sin serlo y presumen de ello ante los provincianos a los cuales les hacen sentir su condición. Por eso, se escucha con frecuencia en el interior de ese país “los porteños son unos idiotas perfectos”. Salen de un conventillo vestidos de ministros y se agrandan ante cualquiera. De eso se burlan los demás pero ellos no se dan por enterados.

Luego viene el tonto o corto de entendimiento, no por bajo coeficiente intelectual como se señala en la primera acepción de la idiocia sino por falta de uso del cerebro, es decir, del empleo constante de sus células grises.  En esta categoría ingresan aquellos que por algún motivo nunca tuvieron que trabajar o luchar por los garbanzos al decir de un gran escritor. Algunos son hijos solterones que viven a costilla de sus padres sin ser precisamente ricos. Por lo general hablan de temas pueriles sin importancia hasta atrofiar su entendimiento. Algunos se dan a la bebida, al juego o a las juergas dado que siempre regresan al techo familiar, con cama, ropa limpia y mesa puesta por mamá.

De entre estos sujetos que viven la fresca viruta durante su vida entera se hallan algunos que no cuentan con tales ventajas pero con el fin de evitar el trabajo les nace de pronto una poderosa vocación sacerdotal. Son hijos de la pobreza y el seminario constituye su tabla salvadora. De manera que con tal de no trabajar engañan a sus superiores que creen en tales vocaciones e invierten mucho dinero en su formación. No tienen escrúpulos en aprovecharse de estos santos servidores de nuestra iglesia que entregan su vida  a Dios con tesonero apostolado no dándose sosiego para servir al enfermo o a la necesidad del prójimo. Así pues no hay que asombrarse que tales sujetos preñen a niñas adolescentes siendo sacerdotes u Obispos llenando de dolor a la inmensa mayoría de prelados de de nuestra iglesia como lo suelen comentar constantemente.

Esta clase de personas, como nunca trabajaron para ganarse la vida ni pagaron jamás un impuesto como fruto de su esfuerzo, solo piensan en gastar y hasta persiguen a los que trabajan so pretexto de favorecer a los pobres. Algunos de ellos son idiotizados por otros que los desvían con facilidad de su ruta para empujarlos al ateismo a través de La Teología de la Liberación la cual coloca a Dios en un segundo plano.

Así, también son fácilmente convertidos en Súcubo e iniciados por Incubos  inescrupulosos con tendencia a la violencia y al delito. En criminología se estudia esta  relación entre el Súcubo idiota con su Incubo dueño. Finalmente el Súcubo cae bajo tal influjo en forma permanente al extremo de postrase a sus designios. De manera que si algo le puede molestar al Incubo, su esclavo mental, el Súcubo idiota, lo evita. Así el Incubo decide lo que hay que hacer y ordena, en tanto el Súcubo se limita a cumplir sus deseos. Esto quizá nos explique mejor la personalidad del ¡IDIOTA PERFECTO!

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