ÉPOCAS Y PERSONAJES


Una página que rescata hechos y personajes de la historia tanto de nuestro país como de otros. En algunos casos reflejan folklóricas nostalgias pero a la vez nos señalan interesantes novedades que pueden servir de ejemplo para corregir conductas. Proseguimos con el último capítulo del libro inédito de nuestro director titulado LOS HEREDEROS DE LA ESPADA. Proseguimos con los genocidas del Paraguay, Gastón de Orleáns, a lo cual se agrega un  episodio de la vida de Luís María Argaña y el evangelio del domingo 13 de septiembre.

 

GASTÓN DE ORLEANS, CONDE DE ÉU, EL MANDADO

 

Este personaje nace en pleno océano atlántico en el año 1842 y contrae matrimonio el 15 de octubre de 1864 con la princesa Isabel de Braganza, primogénita del emperador Pedro II del Brasil. Su abuelo fue el rey Luís Felipe I de Francia entre 1830 y 1948, fecha en que se instala la segunda república en ese país. Su bisabuelo, también llamado así, es conocido como Felipe Igualdad pues se puso del lado de los jacobinos durante la revolución francesa. No tuvo empacho alguno en votar para que le corten la cabeza al rey Luís XVI, emparentado con su familia. En pago…. los revolucionarios le cortaron la cabeza a él en 1793, a instancia de Robespierre, su antiguo protegido, aunque en honor a la verdad hay que reconocer; supo enfrentar el patíbulo con dignidad. Su hijo, el abuelo de Gastón, al ver esto puso pies en polvorosa y se marchó a los Estados Unidos para regresar a Francia como monarca a la edad de 57 años. Esta casa familiar de los Orleáns llegó a coronar dos reyes. Pero su ingrediente principal está plagado de historias macabras que van, desde intrigas, conspiraciones y conatos de golpes, hasta asesinatos y otras miserias. Además tenían la rara costumbre de vestirlos de niñas a los varones hasta la pubertad. Esto quizá explique algunas cosas como se verá.

Llama poderosamente la atención que la hermosa princesa de 20 años de edad casada con Gastón no pudiera tener hijos. Al parecer algo no andaba bien pues de lo contrario no se explica que 10 años después de la boda, de pronto,  a los 30 años, comience a parir como por arte de magia a los siguientes hijos, a Luisa Victoria (1874); Pedro (1875); Luís Felipe (1878) y Antonio Gastón (1881)

En abril de 1869 este aspirante a padre de familia recibe la noticia que va a ir al Paraguay a cumplir los deseos de su suegro de exterminar el Paraguay debido a que el marqués de Caxias se negó como se pudo apreciar a matar gente inocente. En tanto, Juan Manuel Mena Barreto, el degollador de niños y ancianos rendidos en Avai está que baila en una pata cuando se entera de la noticia. Pero Parahnos, que conoce muchos los entretelones de la corte, se quedará en Asunción para apoyarlo a Gastón dado que en el ejército no se lo tiene como buen soldado. Las voces corren entre chascarrillos en rueda de tragos pues los rumores acerca de su capacidad reproductora han sido puestos en duda hasta por la prensa. Al parecer no se trata de un individuo muy fanático de su sexo.

El príncipe viene para ordenar destruir la población del Paraguay cuando en Río de Janeiro y en Buenos Aires se clama  a voz en cuello por la paz. Nadie quiere mandar a sus hijos como carne de cañón. Por eso ya se lo sacó, poco menos que a patadas por causa de su impericia a Mitre luego de los sucesos sangrientos en Curupayty, mientras que el valiente Caxias a costa de muchas vidas recién pudo entrar a la Asunción el 1 de enero de 1869. Desde 1867 los brasileros han tenido que echar manos de las barracas de esclavos para llenar los claros. Pero este procedimiento tiene un costo, sino  político, al menos pecuniario. Hay que pagar a los propietarios por los esclavos cedidos. Mientras tanto, Osorio y Caxias han salido limpios de la guerra. La actuación de ambos en diciembre de 1868 fue inobjetable desde el aspecto de los derechos humanos. Los dos jefes son amigos y mantendrán esa amistad hasta la muerte. Si el marqués intentó y logró un complot en el interior del gobierno del Paraguay fue justamente para abreviar el cáliz y así desarmar a su enemigo; son las reglas de juego en las guerras, no así los conspiradores paraguayos que pasarán a la historia como tales y sus nombres execrados. Lo cierto es que el conde se embarca en Río de Janeiro con un séquito de adulones. Nos suponemos las carcajadas de Caxias y Osorio al conocer el nombre del nuevo comandante en jefe de los aliados. Nos suponemos también la turbación de los jefes argentinos. Quizá por ello han renunciado a continuar la caza del enemigo, a pesar de la instigación de Domingo F. Sarmiento, su nuevo presidente. Si Bartolomé Mitre pudo y puede ser criticado hasta hoy como un  militar inoperante, hay sobrados hechos bien documentados para comprobarlo. Pero en su favor se puede alegar en cambio, que jamás se escuchó de su boca o salió de su pluma un lenguaje soez, y mucho menos, asumió calidad de pregonero de la muerte con el solo propósito de perpetrar un exterminio.

Pero vayamos al grano. Nuestro personaje, Gastón,  llega a Asunción y se instala en Trinidad (Hoy, un barrio de Asunción) en los primeros días de Mayo de 1869. Posa para una fotografía tomada frente a la iglesia de esa localidad donde poco antes sus tropas entraron a saco robando todo lo de valor e instalando en esa casa de Dios una caballeriza, cuya remonta depositaba sus desperdicios sobre la tumba del ex presidente, Carlos Antonio López  Se halla a sus anchas en compañía del varonil Juan Manuel Mena Barreto que por su estampa, estatura y belleza conformó cuando era un joven oficial el cuerpo de la guardia del emperador. Aparte de otros lazos entre ellos la conversación gira en torno a los degüellos hasta entonces perpetrados e interrumpidos por Caxias, el estúpido anciano que menos mal se mandó mudar. Las matanzas de niños, mujeres y ancianos en Avay que lo dejaron boquiabierto al general José Ignacio Garmendia a la par de los destrozos hechos en Asunción hasta el 14 de enero, deben extenderse en otras localidades con la llegada del Angel de la Muerte. Ante tales desafíos del nuevo conductor, un uruguayo, el coronel Hipólito Coronado, se acerca al círculo áulico y se ofrece para destruir la fundición de hierro y bronce  la Rosada, lugar donde se vaciaron más de 500 cañones de diversos calibres durante la guerra. El general oriental Carlos de Castro autoriza a su subordinado a partir luego que el príncipe se lo pide. Hasta aquí no hay nada de malo pues la referida fundición sigue siendo fuente de recursos del enemigo. Sin mayores sobresaltos y con no poca audacia, llega a la famosa localidad logrando sobornar a uno de los lugartenientes del responsable del establecimiento, apodado en guaraní, Molina Pucú, por su alta estatura. Su jefe, el capitán Julián Insfran, no sospecha nada y envía a la tropa empavesar las armas para colaborar con los operarios. En eso llega Coronado seguido de lejos por Molina Pucú, y toma casi sin resistencia el lugar. Al regresar los soldados no tienen más remedio que rendirse ante los hechos consumados por la traición. No obstante, previamente, Insfran, resiste con los efectivos que tiene a mano pero finalmente, ante la superioridad numérica, capitula. Acto seguido Coronado ordena el degüello del capitan Julián Insfran frente a su tropa a la par que manda a los restantes prisioneros a un monte cercano donde sus hombres comienzan a degollarlos. Ante esta barbaridad los paraguayos vendidos al oro del Brasil, se sorprenden, reaccionan y se rebelan sacando sus armas en actitud hostil. El degüello se interrumpe. El trato para los vendidos consistió en la destrucción de La Rosada no el asesinato de gente rendida. Al ver tal decisión, el cobarde jefe uruguayo, se echa atrás diciendo “que les perdonaba la vida” (Centurión, Obra citada.)

Pero lo insólito, no constituyen tales actos de barbarie que vamos a ir repasando pormenorizadamente, sino la actitud del Uruguay que permite hasta hoy que una ciudad de ese país ostente como timbre de honor el nombre de un sujeto de tales cualidades a quien en 1876 el presidente oriental, Lorenzo Latorre, mandó ajusticiar por venal y sanguinario. La ciudad con el nombre de Hipólito Coronado, como si se tratara de una burla del destino, se halla ubicada tan luego en el departamento José Gervasio Artígas. ¡Qué mezcla tan rara de nombres!

 

 MI ÚLTIMA CONVERSACIÓN CON  LUÍS M. ARGAÑA

 

El 14 de marzo de 1999 se realizó una convención de la ANR. Luís María Argaña asistió a la misma y poco después se produjo una gresca de proporciones. El ambiente se enrareció y los partidarios de Lino Oviedo se dieron a la tarea de lanzar sillas y piedras. Los partidarios de Argaña reaccionaron produciéndose una golpiza generalizada. El entonces presidente del partido Bader Rachid Lichi por razones de seguridad decidió abandonar el lugar. Nos dirigimos a la casa de Argaña donde se redacto un comunicado de protesta por los hechos vandálicos.

El lunes 15 por la noche estuvo a cenar en mi casa. El martes me pidió que viajara a Jamaica para participar de la reunión de medio año de la Sociedad Interamericana de Prensa a realizarse en ese país. El miércoles en la vicepresidencia en mi calidad de director y amigo personal me despedí de él. Pero el jueves 18 de marzo por la tarde antes de abordar mi avión lo llamé a su casa. Hasta hoy no se porque razón hice tal cosa. Me atendió su hijo José Emilio y al rato estábamos conversando animadamente. Recuerdo que le dije que se cuidara a lo cual me respondió como de costumbre. – El que te va a matar lo hará de todos modos si la decisión ha sido tomada. No insistí más y al rato nos despedimos. Fue la última vez que escuché su voz. Osvaldo Bergonzi.

 

EVANGELIO DEL DOMINGO 13 DE SEPTIEMBRE SEGÚN SAN MARCOS

 

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy Yo?” Ellos le respondieron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros Elías; y otros, alguno de los profetas”. “Y ustedes ¿quien dicen que soy Yo? Pedro respondió: “Tú eres el Mesías”. Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: “Retírate, ve detrás me mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Díos, sino los de los hombres”. Entonc3es Jesús llamando a la multitud, junto con sus discípulos les dijo: El que quiera venir detrás de mí que renuncia a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará”.

One Response to ÉPOCAS Y PERSONAJES

  1. Phill Till dice:

    La guerra del Paraguay fue un genocidio que quedó impune.
    Me permito hacer una aclaración con respecto a la ciudad con nombre de Hipólito Coronado, no existe tal ciudad. Es simplemente un paraje cerca de la ciudad de Bella Unión en el departamnto de Artigas en donde se encontraban los campos de este nefasto personaje. Estos fueron repartidos a familias en 1885 para que trabajaran la tierra.

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