REANIMANDO LAS BASES


El verdadero poder de las corporaciones políticas de alcance nacional radica en los organismos de bases, aquellas juntas o comités de afiliados constituidos en los diferentes municipios del país con el propósito de agilizar la difusión de la doctrina, principios y programas de esas entidades y descomprimir las obligaciones y compromisos de las jerarquías superiores, delegando cuotas de autoridad partidaria en los dirigentes distritales, quienes a la cabeza de las respectivas cohortes de adeptos son los responsables del esplendor o la decadencia de los Partidos.

Por Cándido Silva

En el Partido Colorado, las Comisiones Seccionales, o simplemente Seccionales Coloradas, se hallan distribuidas por todo el territorio de la República, desde la capital hasta los más alejados rincones del inmenso Chaco. La presencia de las bases coloradas en los pueblos y ciudades del Paraguay es una realidad patente y constante, pues a lo largo de décadas la admirable fuerza de convocatoria de la añeja asociación unida a la notable dinámica dirigencial de los hombres de Partido, pusieron de relieve una supremacía política conquistada a través del culto a los valores de la nacionalidad y la abominación de excluyentes sectarismos sociales.

Sesenta años de mandato constitucional plasmados por el voto mayoritario de millones de colorados, entre afiliados y simpatizantes, construyeron una imponente mole institucional de mayúscula hegemonía gracias, comprobado está, al dictamen favorable de las urnas, que invariablemente durante seis decenios inclinaron el fiel de la balanza hacia los representantes del coloradismo.

Y esos apoteósicos y jubilosos triunfos comiciales no se produjeron por generación espontánea, o por inercia de la ciudadanía “apolítica”, como determinados escribas gustan de motejar a la gente no inscripta en padrón partidario alguno, sino que acontecieron merced al trabajo tesonero y de hormiga desplegado por los presidentes y miembros de las Seccionales y Subseccionales, que apelando al sencillo pero tremendamente eficaz expediente del recorrido casa por casa, conservaban intacta la adhesión de los incondicionales, atraían a los irresolutos y volteaban las convicciones de los adversos.

Esas nostálgicas visitas domiciliarias, acentuadas en tiempos de proselitismo, tan apreciadas y festejadas por nuestras correligionarias y correligionarios de la urbe y la campiña, e incluso, complace admitirlo, por los indecisos no comprometidos con los colores en puja, hoy se ven relegadas por los métodos actuales de “hacer política”, ejemplificados por las denominadas concentraciones multitudinarias, a las que no se les resta méritos, sin embargo, carecen de ese acogedor y cercano vínculo que comporta el trato de persona a persona característico de las peregrinaciones casa por casa.

Reavivar ese calor humano simbolizado por esa amena interacción personal entre los dirigentes de bases y los vecinos, es uno de los imperativos de la hora en procura de recuperar el gobierno central en el 2013. Ello no significa que se eliminarán los mítines, formidables demostraciones de respaldo popular y referencias inequívocas que señalan en el terreno el grado de aceptación de tal o cual Partido o Movimiento.

Los que se pretende es que a la par de las reuniones de masas se reinstale de nuevo como técnica política esa proximidad entre el dirigente y su pueblo. Que la voz de la dirección partidaria se esparza a los cuatro vientos canalizada por las Seccionales. Que las compañeras y compañeros de ruta estén cabalmente interiorizados de las propuestas, planes y proyectos que el Partido promueve, deponiendo la pasividad en el quehacer político de la mano de sus representantes naturales.

Accidentalmente el Partido Colorado es oposición. Nada exótico ni estigmatizante. Sí una experiencia saludable valedera para una catarsis integral, cauterizando mortificaciones y ahuyentando espectros satánicos. Es más, la vivencia en el llano tiende a desperezar los talentos aletargados por las voluptuosidades del poder, alertando los sentidos y vaciando la mollera de obsesiones baladíes.

La Junta de Gobierno y los conductores de los grandes Movimientos tendrán que perentoriamente aunar voluntades y aprehender que el enemigo congénito y definitivo, no aquel circunstancial y fraterno contendiente interno, opera a la sazón en tiendas oficiales, en las altas esferas del Ejecutivo y el Congreso. A ellos se debe combatir con el arma de la persuasión. La batalla a afrontarse exigirá la cohesión diamantina de esas genuinas legiones cívicas intituladas Seccionales. Y la fortaleza primigenia de cada organismo de base reside en su comunidad de afiliados, la que, en síntesis, es la real fuente de poder partidario y nacional.

Entendamos que el contacto directo entre dirigentes y afiliados transmitirá vigor, energía y empuje al Partido, rehabilitando su perfil victorioso y su enjundia campeona. Desempolvar formalmente esas celebradas jornadas nocturnas y de fin de semana en que las puertas de los hogares se abrían para recibir a los directivos de las Seccionales, catapultará a la ANR al estrado que por mística, tradición y patrimonio electoral nunca debió resignar.

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