LOS OSOS BLANCOS


PRIMERA PARTE

En una noche tormentosa de mediados de marzo de 1992 en la residencia del entonces senador Abraham Esteche quedó sellado para siempre el apelativo Osos Blancos. Esta es su verdadera historia para que nuestros afiliados la conozcan. Los periodistas encargados de volantas y títulos destacan el nombre cuando en alguna reunión colorada se halla gente que peina canas pero ignoran el origen que tiene connotaciones políticas notables y que cambiaron el curso de los acontecimientos dentro del partido colorado.

Por Osvaldo Bergonzi

El ambiente algo tenso era mitigado por el dueño de casa esmerando su atención con los amigos que iban llegando. Abraham cuidaba el asado y los chorizos sin descuidar la sopa paraguaya y la mandioca. Se trataba de una reunión grande del movimiento entonces llamado “Tradicionalismo Autónomo”, sector interno del partido. Su fundador, Luís María Argaña, nos convoca a la mayoría de los principales referentes, aproximadamente unas 50 o 60 personas. La mayoría antiguos dirigentes. Carlín Romero Pereira y el que esto escribe se presentaron a la hora señalada. – Llegaron los tilingos supusimos que dirían algunos debido a que el doctor Juan Ramón Chavez supuestamente había dicho “con estos tilingos hacía rato nuestro partido caía”. Por eso esto merece una pequeña digresión. En verdad que Carlín jugó un papel importante en la junta desde 1984 cuando las relaciones del partido con Stroessner se deterioraban día a día. Chávez logró en la convención de ese año que él junto con Ángel Roberto Seifart fueran elegidos miembros suplentes. En esa época las puertas se trancaban y nadie más que los 35 titulares y 20 suplentes quedaban en la sala. El Dr. Chávez dirigía las sesiones con su famosa campanilla. Al principio les daba la palabra a los suplentes pero a medida que transcurrían los meses ya no le gustaba tanto el negocio. El les había dado alas y ahora los pichones volaban como halcones en la sala de sesiones. Resulta que Carlín se lanzaba como un piloto Kamikaze con adjetivos de grueso calibre contra el hasta ese momento intocable, Mario Abdo Benítez, secretario privado de Stroessner. – Oíste lo que dijo hoy Carlín, comentaban los miembros de la junta en voz baja atajándose la cabeza. Para cuando Juan R. quiso pararlos los dos suplentes se rebelaron. Carlín fundó el movimiento ético y doctrinario hasta que luego del 3 de febrero de 1989 arrió la bandera contestaria y se reincorporó al partido. En esos 5 años intimamos con los amigos del MOPOCO, MOPOCONA Y LA ANRER y constituimos una denominada Comisión Central quizá para emularlo a nuestro fundador. Finalmente luego de los hechos de la Candelaria fuimos los dos con Argaña en tanto los demás se integraron con Blas Riquelme fundador del Tradicionalismo Democrático, los mimados de la prensa de entonces. De a poco fuimos nuevamente ganando la confianza del tradicionalismo ortodoxo como los designaban despreciativamente los periodistas. Esto es preciso aclarar para medir el ambiente.

Abraham nos recibió con mucho cariño lo mismo que Juan Esteche así como los demás integrantes. En verdad íbamos a participar de un acontecimiento no provocado por nosotros, es decir, la tilinguearía al parecer, había cambiado de arco. Enseguida notamos un ambiente algo tenso pero no sabíamos donde se hallaba el intríngulis. Cuando llegó Argaña lo note muy áspero. Ocupó el centro de la reunión y hablaba poco. Se esperaba la llegada de más amigos, en tanto Abraham, se comportaba como un gran anfitrión al extremo de servirnos personalmente.

Comienza la sesión. Argaña va otorgando la palabra a cada uno, a Pedro Hugo Peña, Ruben Stanley (f), Juan Esteche, Federico Zayas cuando de pronto pide la palabra un joven apellidado Balbuena desprendido del movimiento Generación Intermedia (tradicionalista) de Percio Da silva (f) y Julio Cesar Frutos. En ese momento por la manera de expresarse Argaña notamos que el enfrentamiento era generacional pero ningún joven se hallaba presente salvo Balbuena. Este se acomodó como para relatar un cuento fantástico mientras los más veteranos lo miraban como diciendo, – ¿Quién es este atrevido? Balbuena percibió el ambiente y arrancó su exposición. – Quiero contarles a ustedes la historia de los osos blancos del Canadá. En ese momento Carlín me golpeó con el codo sorprendido. En verdad que la concurrencia quedó estupefacta con el introito. Y como suele suceder en los cuentos de misterio en ese momento todos estaban muy interesados en saber la historia de los osos blancos del Canadá pero ni imaginaban en ese momento como terminaría la cosa. El final en el próximo número

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