APORTE DE IGNACIO A. PANE A LA CULTURA


Con esta breve reseña el autor finaliza el capítulo dedicado a tan abnegado en insigne ciudadano con mayúsculas que dedicó su vida entera a nuestra causa pregonando como un apóstol nuestra doctrina y esparciendo coloradísimo a lo largo y ancho de nuestro país. Cerró sus ojos sin poder llegar a ver en el poder a la Asociación Nacional Republicana de sus amores. .

Por Leandro Prieto Ruiz

Dejo el Doctor Pane unas importantes “Lecciones de Literatura Preceptiva”; un “Tratado de Sociología”, que durante mucho tiempo fue texto de estudio para profesionales y estudiantes; adelantándose a los actuales ensayos indigenistas, el Doctor Pane describió a “La mujer guarani”, “El indio Guarani” y “La familia paraguaya”. Con visión de porvenir, editó “Nuestra bandera en las guerras futuras”, cuyo contenido posee rauda actualidad y explica muchas cosas, aún en las sombras, que ocurrieron en el Paraguay.

También se publicaron los títulos siguientes: “Conceptos de la filosofía”, “Cantos extranjeros al Paraguay”, “La mujer ante la causa obrera”, “Geografía social”, “ El método y las ciencias sociales”, en los cuales desarrolla principios del socialismo humanista, a la sazón, prácticamente desconocidos en nuestro medio. En este sentido, el Doctor Pane enriqueció el bagaje intelectual del coloradismo, poniendo énfasis en lo social, en franca polémica contra el individualismo liberal. Resulta increíble todo cuanto ignoramos sobre este eminente republicano.

En el ámbito literario, escribió “La canción de la tijeras”, “Poesías selectas” y el drama titulado “Beatriz”. Además fue el primero en escribir poesías en idioma Guarani, enriqueciendo el conocimiento de nuestra lengua matriz, tan poco conocida hoy, salvo un conjunto de palabras de uso coloquial. Amaba el idioma Guarani, el cual sabía manejar a la perfección. Este es otro aspecto que debemos reivindicar, del rico legado del Doctor Ignacio A. Pane

Si a todo esto, le sumamos su obra científica, principalmente filosófica y sociología, así como su paso por el Congreso Nacional, donde sostuvo grandes polémicas con el liberal Modesto Guggiari, sobre la trascendencia del marxismo, podemos darnos cuenta que el Doctor Pane es un hombre de avanzada en el pensamiento y en la acción, como muy pocos los hubo en nuestra patria. Debemos sentirnos orgullosos, por eso, de enarbolar su augusto nombre.

A titulo de ejemplo veamos su famoso “Don Quijote abá ñee me”, como un paradigma:

Oico petei Levy, ñandeypyjhape,

Caraimi petei iporajhumiva,

Jhedyva ichu iva

Mombyry ojhupytyva iñapynguape

Piruramo yepe, ñorairojhape

Ndypori pyaguzu Jese omoiva

Itarovainte, jha jhapepe oiva

Ojheyase opaichavo jhendape

Vai oicorire, ape jha pepe

Jhapichape ojhayjhugui pucajhava

Jhera nomombaci ñandeapytepe

Ndiporimo ivaiva jha iñañava

Yaicorire yuasyjhuvo, yaikovepe

Peteimimi jha eicha itarovava

Es probable que para muchos compañeros, esta versión de Don Quijote de la Mancha en idioma Guarani, constituya una verdadera sorpresa. Por eso precisamente la insertamos en esta breve biografía del Doctor Pane, como un incentivo para una investigación a ser realizada ulteriormente, con la debida profundidad. Porque en realidad, muchos aspectos de su vida y de su obra, nos darán verdaderas sorpresas.

También su poesía titulada “El Pombero” es digna de que sea reproducida aquí.

“¿No lo oistes? ¿No te espanta ese silbido

Que ha salido del espeso matorral?

No es el grillo ni la víbora

Ni el fatídico chirrido del suinda.

No es el viento que silbando se detiene

Del callado cementerio en el cipres.

Ni el arroyo en su salterio

Cuyas notas se repiten en monótono sostén.

No es la voz con que se queja a media noche

Tristemente en el boscaje urutau

Ni la débil voz doliente con que el pora nos revela

Sus angustias cuando deja el ataúd”

Como expresión de belleza, esta breve trascripción nos da la pauta de la vena poética de alto vuelo, del Doctor Pane, admirado en los círculos literarios del país y del exterior, por la delicadeza descriptiva de su estro. Quisiéramos extendernos más, pero que eso se quede oportunamente, en manos de quienes salgan a reflotar su memoria.

El Doctor Ignacio A. Pane cerró sus ojos eternamente en Asunción, en el año 1920. Su muerte fue una verdadera pérdida para la patria, que se vió privada así de uno de sus mejores hijos. Nos queda a nosotros el recuerdo y el deber de conocerlo y darlo a conocer al estudiantado y a todos los paraguayos.

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