¿DESAIRE AL CONGRESO NACIONAL?


¿Error involuntario o desaire al Congreso Nacional? Sería bastante difícil saber a ciencia cierta si el envío de las tropas paraguayas a La Paz, para desfilar en los actos de conmemoración del Bicentenario de la Independencia de Bolivia, fue un simple error por el desconocimiento de las normas constitucionales o una descortesía al Congreso Nacional.

Por Humberto Zaracho

Las manifestaciones de las autoridades nacionales y militares pretendiendo justificar la omisión del Poder Ejecutivo, en su carácter de Comandante en jefe, no han sido convincentes. La obligación de solicitar la venia del Congreso Nacional para la salida de nuestras tropas se remonta a la Constitución de 1870 (Art. 72, numeral 21). Esta exigencia está contenida en las demás Constituciones de 1940 (Art. 76, num. 13), 1967 (Art. 149, num. 16), y en la actual de 1992 (Art. 183, num. 3).
Aunque el numeral 3 de este último establece como excepción a la obligación principal los “casos de mera cortesía”, no exime al Poder Ejecutivo de su deber de dar cuenta al Congreso Nacional la salida del país de tropas nacionales, aun cuando no porten armas de combate. La ausencia de efectivos militares, sea en cumplimiento de acuerdos internacionales o en respuesta a invitación de un gobierno amigo para participar de actos protocolares, tiene un doble alcance: militar y político. Corresponde, entonces, que el Congreso Nacional, principal órgano político del Estado, haya recibido el pedido de autorización o por lo menos la comunicación oficial de la decisión adoptada por el Presidente de la República. La tradición jurídica y la costumbre constituyen fuentes del derecho internacional que no deben soslayarse. Cuando el gobierno argentino cursó la invitación para conmemorar el Sesquicentenario de la Independencia argentina una delegación de oficiales y 28 cadetes del Colegio Militar partieron en mayo de 1960 rumbo a la ciudad de Buenos Aires donde participaron de la parada militar, previa comunicación a la entonces Cámara de Representantes. Además, las normas de cortesía militar enseñan que los contingentes militares que representan al país en actos protocolares de alto nivel deben estar al mando de Oficiales Superiores, a lo menos, y no de Oficiales Subalternos. De este modo la jerarquía y representatividad de nuestras Fuerzas Armadas estará asegurada. Por todas estas apreciaciones somos de parecer que es conveniente para la gobernabilidad del país, que en casos análogos futuros se tenga en cuenta la investidura constitucional del Congreso Nacional. Y que el Ministerio de Defensa Nacional, por ser el órgano encargado de fiscalizar y coordinar la Política Militar, adopte las medidas preventivas requeridas a fin de evitar las fricciones que se han suscitado entre ambos Poderes del Estado.

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