LOS VALORES EN LA JUVENTUD COLORADA


El político florentino Nicolás Maquiavelo dice en su célebre libro “El Príncipe” que para llegar al poder y para mantenerte en él, el hombre necesita de dos elementos: La Virtud y la Fortuna. Se entiende por Fortuna a la suerte y no a la fortuna económica. La definición de la palabra suerte puede ser muy variada, pero se trata más bien de estar en el lugar justo y en el momento justo. Otros definen a la suerte como la sumatoria de la oportunidad más la preparación.

Por Félix Argaña

El ex presidente uruguayo Julio María Sanguineti, decía que para llegar al poder se necesita un 20 % de talento, carisma o liderazgo, un 20 % de medios o estructura y el 60 % hace la coyuntura, la suerte o la fortuna de la que habla Maquiavelo.

Lo cierto y lo concreto es que la fortuna o la coyuntura poco depende de nosotros, pero la virtud, el talento, el liderazgo y la preparación sí depende de uno mismo y se construye desde joven para poder acumular este capital imprescindible para el político.

Por eso quiero centrar mi exposición sobre la virtud. Quiero hablar de aquella cualidad que ya hablaban en la antigüedad los griegos y romanos, pero sobre todo quiero deferirme a los valores que nos legaron nuestros patriotas.

Para introducirme en el tema voy a remitirme al protagonismo juvenil en nuestra historia patria.

Fueron los jóvenes los que salvaron el honor paraguayo en las horas álgidas de la patria. Nuestra historia está llena de ejemplos estupendos de la gravitación de los jóvenes para volcar situaciones, para demoler muros, para abatir fortalezas y también para asombrar al mundo con las grandes creaciones del espíritu.

Domingo Martínez de Irala, hombre clave en la nacionalidad paraguaya: tenía 29 años cuando fue designado gobernador del Río de la Plata. Pedro Juan Caballero, el brazo armado de la revolución de mayo, tenía 25 años en 1811. Jóvenes como él eran sus camaradas de esa noche venturosa de la independencia paraguaya. Y así también casi todos los civiles que se sumaron al movimiento emancipador, como Fernando de la Mora, que tenía 25 años.

Bernardino Caballero, el centauro de Ybicuí, recibió el grado de general a los 29 años.

Pero no solo en el campo de batalla descollaron los jóvenes. También en el de la cultura tenemos ejemplos sobrados del talento juvenil. Tal es el caso de Natalicio Talavera, el poeta de las glorias nacionales, ya era redactor de “El Semanario” cuando tenía 18 años.

Cuando murió el inolvidable Blas Garay Argaña, tenía 26 años. Gran defensor jurídico del Chaco paraguayo, intelectual de un periodismo pluma dorada. Le pertenece a él la lapidaria frase: “A pasado de gloria, presente de ignonimias”.

Cuando Juan E. O´leary le enfrentó a Cecilio Báez, en la polémica más sustanciosa que recuerda la historia de nuestra cultura, tenía solo 23 años.

En el coloradismo los jóvenes siempre ocuparon un papel descollante. Antolín Irala fue ministro a los 24 años y canciller a los 25 y Fulgencio R. Moreno con apenas 30 años.

José Asunción Flores tenía 21 años cuando creó la guarania y Félix Pérez Cardozo tenía también 21 años cuando le puso música a los versos de “Che la Reina” del inmortal Emiliano R. Fernández.

Jóvenes fueron los que se congregaron frente al Palacio de López el 23 de octubre de 1.931 para exigir la defensa de nuestra heredad y recibieron como respuesta una serie de ráfagas de ametralladora. Y también fueron jóvenes voluntarios los que se agolparon ante los cuarteles en 1932 para reclamar un fusil y un uniforme para defender nuestro Chaco.

La juventud de hoy está relegada, está desmotivada, casi no tiene oportunidades. Y sin embargo es este estrato social el único que tiene dos derechos naturales. El derecho a equivocarse porque no tienen experiencia y pueden redimirse porque tienen tiempo para hacerlo. Y el derecho inalienable a rebelarse porque a esa edad el idealismo es puro y sincero.

Idealismo que debe ser conjugado con el pragmatismo, como dice Dick Morris en su célebre libro “El Nuevo Príncipe”. El idealismo puro de los jóvenes tiene esa sustancia vital pero sin el pragmatismo es una entelequia. Pero el pragmatismo solo, aislado, genera anti valores y nos hace mercenarios y no patriotas. Y el país necesita patriotas.

Por eso quiero deferirme a la virtud. Para recordar los valores que debe poseer, a mi modesto entender, el hombre colorado. Valores que debemos mantener y reforzar en la juventud, porque el árbol de la patria no va crecer torcido mientras sea tierna la rama para ser corregida. Los valores se adquieren en la juventud y los antivalores también, depende de nosotros mismos quedarnos con los unos y eliminar los otros. Cuando se es joven se puede hacer esto. Después ya es tarde, el árbol ya estará torcido.

2 Responses to LOS VALORES EN LA JUVENTUD COLORADA

  1. Leandro Prieto dice:

    Mi apreciado Félix te felicito las certeras y agradables palabras que siempre te caracterizan. Me gustaría agregar o comentar con unas palabras este articulo: en estos nuevos tiempos la juventud es un estado de espíritu, un acto de voluntad. En nuestro Partido existen figuras que, sin desmedro de su edad y su madurez exudan sabia de juventud y se movilizan según cánones propios de la edad juvenil a decir del finado Bacón Duarte. Por otra parte existen jóvenes viejos, achacosos del espíritu, estériles y acomodados. En esta materia el tiempo es irrelevante. En tu libro -Argaña. Padre, líder y amigo- rememoras unas palabras de tu padre que dicen:”Yo pienso que en realidad lo que importa en la vida no son las arrugas en el rostro, sino en el alma” y luego acotaba “esa es mi postura y por eso creo que no tengo arrugas en el alma aunque las tengo en el rostro”.
    En cuanto a la virtud es la cualidad imprescindible para el ejercicio de nuestros derechos y obligaciones como ciudadanos republicanos ya que la virtud fue uno de los pilares de la República desde sus orígenes mismos.
    Mi saludo y respeto de siempre.
    Leandro Prieto Ruiz

    • Felix dice:

      Egregio amigo Leandrito, agradezco tus palabras de aliento porque te considero un joven talentoso y proyectas la imagen que necesita el partido. para salir de las catumbas en que nos enconytamos. Abrazos para vos y mis respetos a tu padre

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