EPOCAS Y PERSONAJES


Una página que rescata hechos y personajes de la historia tanto de nuestro país como de otros países. En algunos casos reflejan folklóricas nostalgias pero en otros nos señalan interesantes novedades que pueden servirnos de ejemplo para corregir conductas.

EN POLÍTICA HAY QUE SABER ACERTAR Y NO HAY QUE APURARSE

Durante la guerra civil de 1922 a 1923, luego de la renuncia del presidente Manuel Gondra y la de su vicepresidente Félix Paiva, llenaron provisoriamente el cargo, Eusebio Ayala primero y Eligio Ayala después. Este último fue quien concluyó con el conflicto armado entre hermanos. Eusebio renunció para postularse en el siguiente período 1924 – 1928 y así quedar libre para hacer campaña en su favor en tanto Eligio asumía en su reemplazo. Ambos no eran parientes.

Renunció quizá por desconocer las dotes de un genio de 42 años llegado tan solos unos años atrás de Europa adonde fue a perfeccionarse pocos después de recibirse de abogado. En cambio él ya era un líder consumado y respetado en su partido. Supuso que su candidatura arrasaría y que pronto se convertiría en presidente constitucional. En ese tiempo no había elecciones sino votaciones de manera que el que resultaba electo candidato a presidente en una convención liberal era el virtual presidente del
Paraguay.

Pero pronto se llevó un fiasco debido a la notable popularidad que iba adquiriendo el joven delfín venido de Inglaterra, Alemania y Suiza. Poseía un liderazgo natural notable. Los jefes liberales del campo y la ciudad quedaron atrapados por su influjo y así lo hicieron notar. Inmediatamente Eusebio se percató de su error y se echó atrás. Sus seguidores al enterarse de su decisión se fueron a recriminarle a su domicilio. – Doctor Ayala, no nos puede hacer esto a nosotros que tanta campaña hicimos por su candidatura. Uno, entre los tantos, era el más ofuscado y a él le replicó. – Mi hijo, en política no hay que apurarse; yo pisé en falso; no es mi momento sino de Eligio y en política hay que saber esperar. La gente no se retiró muy conforme. Eusebio en tanto se dedicó a actividades privadas. En 1928 hubo elecciones nacionales con un candidato colorado, Eduardo Fleitas, para enfrentarlo al liberal José Patricio Guggiari. Este último ganó por escaso margen amparado en una ley electoral que permitía al aparato estatal hacer lo que le placía.

Guggiari lo designa a Eusebio Ayala ministro residente del Paraguay ante el gobierno de Francia. Una manera elegante de sacárselo de encima pues sabía que la propuesta sería muy bien recibida por la esposa de Ayala, Marcel Durand, ciudadana francesa con quien tuvo su único hijo, Roger Ayala Durand, más tarde fundador de la asociación de arquitectos del Paraguay.

Allá fue. Transcurren los años y se llega a enero de 1932. La convención liberal no se ponía de acuerdo. Varios candidatos pujaban por el cargo. Guggiari había salvado el juicio político debido a los hechos del 23 de octubre de 1931 en que murieron 7 estudiantes y muchos resultaron heridos frente al palacio de los López adonde fueron a protestar por la indefensión del Chaco. Fueron recibidos con descargas de ametralladoras pesadas. Los diputados y senadores de la ANR por eso renunciaron a sus bancas. El ambiente era álgido. La convención ardía. Hasta que a alguien se le ocurre proponer a Eusebio Ayala como una salida entre los bandos en pugna. No estaba contaminado con el ambiente y era una figura señera. Eso favorecía su nominación. Entonces le encomiendan a un amigo suyo, el senador Carlos Sosa, para que le envíe un telegrama a París preguntándole si aceptaba su nominación. Había ganado por dos votos. Entonces Ayala contesta que si no era por unanimidad no aceptaba. A los convencionales contrarios los colocó entre la espada y la pared. Estos se allanaron y lo proclamaron con aplausos y ahí quedó resuelto el tema. En Abril de 1932 llega el paquete de la carrera con el virtual presidente del Paraguay a bordo. El flamante muelle de cemento armado bullía de gente. Hasta Juan E. O´leary fue a recibirlo. Al descender por la escalerilla aparecieron mil manos. A cada uno le dio un fuerte apretón. A otros, sus íntimos, los abrazó. En eso estaba cuando de pronto lo divisa al caudillo del campo que tanto lo recriminó en su domicilio. Al pasarle la mano le dijo. – Ve mi hijo que en política hay que saber esperar; hace 8 años estando yo aquí no pude conseguir mi nominación y ahora estando en el extranjero….lo logré.

CALA Á, REAL PERÓ Y JACARÉ VALIJA

A los tres los une algo en común, una habilidad notable, la de poder escabullirse en el campo enemigo sin ser descubiertos. Los dos primeros operaron durante la guerra de la Triple Alianza y el tercero en el conflicto del Chaco.

Cala á, aparte de ser un destacado jefe por su coraje en las batallas, fue un especialista en robar ganado a los aliados. Por lo general identificaba la presa. Una humareda podía ser la señal del traslado del ganado vacuno. Los días previos a la fecha señalada, incursionaba entre el follaje cuyo suelo estaba plagado de carrizales, hasta descubrir el lugar de la carneada donde se hallaban concentrados los animales, casi siempre un sitio alejado del frente. Nada quedaba librado al azar. Cala á anotaba cada lugar donde se hallaban las guardias avanzadas. Luego limpiaba la picada por donde tenía previsto escapar. En tanto sus dirigidos se colocaban en el lugar opuesto. Uno a uno eran degollados los guardias sin siquiera emitir un suspiro. Una vez en el sitió montaba en pelo con sus escasos hombres los caballos ya vistos para ese fin, abría el potrero y conducía el ganado hacia nuestras líneas mientras su regimiento distraía al enemigo disparando su fusilería infernal de petardos sin balas por el lado opuesto. Para cuando los negros se daban cuenta 500 o 1000 cabezas se habían hecho humo.

Real Peró, a diferencia de Cala á, todo un coronel que operaba para obtener suministros, era de un rango muy inferior pero muy juguetón y angurriento. Sabía que los argentinos tenían tropas mercenarias contratadas en Europa, y que cada fin de mes, cobraban sus haberes puntualmente. Al llegar la fecha soñada, Real Peró, se ponía en acción a media noche y se dirigía al campo aliado. Poco antes del amanecer regresaba con bebidas, latas de sardinas, galletas, carne seca y varias libras esterlinas. Un respetable avío que repartía entre los camaradas de su regimiento. Nunca comentaba a cuantos había matado. Por eso se volvió muy popular. Su fama llegó a oídos del Mariscal cuando organizó un espectáculo notable que despertó a los dos ejércitos.

Descubre el potrero donde el enemigo guarda los caballos. En tanto él se hace de pólvora y prepara unas cadenas de pirotecnia. Llega al potrero. Le ata a la cola de media docena de caballos los petardos y enciende al mismo tiempo sus respectivas mechas. Todo lo realiza con gran silencio. Luego desaparece tras abrir el potrero de par en par. En tanto la tropa duerme. Una vez ganado el monte Real Peró escucha los primeros estruendos. Los demás caballos se encabritan y galopan despavoridos. Son 500 o más. Los petardos parecen ametralladores. Al rato los aliados les disparan. Pero como los caballos se dirigen a uno u otro lado pronto se disparan entre ellos mismos. Del lado paraguayo la gente se despierta para saber lo sucedido cuando alguien lo divisa a Real Peró que viene llegando medio muerto, pero de risa, ante la algarabía de sus compañeros que una vez enterados de su picardía se entregan a la burla y se lo hacen saber a gritos al enemigo quien al comprobar la broma queda muy mal parado.

Real Peró que se sepa no tuvo el honor de que una calle lleve su apodo como sucedió con Cala á y Jacare Valija. Este último operó en el ejército del Chaco. Ya llevaba este sobrenombre al comenzar la guerra pero sin el agregado de la valija. Al igual que los más arriba reseñados era un especialista en escurrirse en el campo enemigo. Su escuela de estado mayor, si se la puede llamar así a esta especialidad, la realizó durante la guerra civil de 1922 a 1923. En esa época su nombre de guerra era Jacaré porque se sabía mimetizar y asaltar a los guardias del bando opuesto a quienes saqueaba aunque les perdonaba la vida tras dejarlos maniatados de pies, manos y boca. Luego, al igual que Real Peró, repartía el botín con sus compañeros que lo agasajaban mucho. Pero una vez no regresó al día siguiente. Todos estaban preocupados. ¿Habrá muerto? Trascurre una semana cuando alguien en el frente divisa una forma humana que se arrastra con dificultad pero avanza hacia ellos. Hay una cerrazón terrible. Ya más cercana la figura, se descubre que se trata de Jacaré que viene arrastrando una enorme valija llena de comestibles y bebidas. A partir de allí a su apodo se le sumó la valija.

Pero cuando se convirtió en un auténtico héroe fue en el sitio del Fortín Toledo donde una parte de un cuerpo del ejército paraguayo se encontraba medio envuelto por los bolivianos y con las colonias menonitas muy cercanas y en peligro. Se cavaron tucas donde jefes, oficiales y soldados se protegían del bombardeo continuo. En tanto, Jacaré Valija le propone al coronel Juan Bautista Ayala incursionar en la retaguardia enemiga para obtener mayor información. Ayala acepta, y pone a sus órdenes a algunos voluntarios. En ese momento una propuesta así era de terror. Los bombazos no cesaban de caer. Jacaré Valija hace un largo rodeo y sale en la retaguardia. Encuentra una picada ancha cuando escucha el ronroneo de un motor. Se trata de un camión con algunos soldados y un oficial al lado del chofer. Jacaré los detiene y ante la resistencia los acribilla. Una vez dentro del camión encuentra todo el plan operativo boliviano. Quiso el destino que aquel malogrado oficial enemigo encuentre en su camino a Jacaré Valija. Poco después, le entrega los valiosos documentos al Coronel Ayala y le comenta la aventura. Este no cabe en su asombro. Inmediatamente da cuenta al General Estigarribia. Todo el plan de ataque boliviano se viene abajo pues el camión quedó abandonado con sus ocupantes muertos. El plan fracasa gracias a esta hazaña. Hace ya unos buenos años al oír los sones de la Polka Fortín Toledo ejecutada por el desaparecido conjunto de Aníbal Lovera pudimos apreciar que muchos veteranos lagrimeaban al escuchar los nombres de Jacaré Valija y del Comandante Ayala. El verdadero nombre de nuestro personaje era Manuel Irala Fernández. Comenzó como soldado raso y llegó a capitán por sus proezas. Existen versiones dispares sobre la valija. Algunos veteranos que sirvieron a sus órdenes dicen que el mote de la valija vino en ocasión de la captura y muerte del oficial boliviano. Los documentos incautados estaban en una valija. Creemos más la versión de Amancio Pampliega que peleó en la revolución de 1922 y lo conoció al entonces soldado Manuel Irala Fernández. Sea cual fuere la versión su nombre se inmortalizó. Su casa de Luque casi fue a remate. El pueblo se levantó para evitar tal cosa. No sabemos como terminó este litigio.

LA ESTRATEGIA DE FOUCHÉ

El carnicero mayor de la revolución francesa, Maximiliano Robespierre, cometió dos errores políticos garrafales. Se enfrentó a la iglesia e inventó un nuevo culto dedicado a un gran hacedor pero sin darle el título de Dios y en que él aparecía como su Sumo Pontífice. Hizo traer del extranjero los restos mortales de de Juan Jacobo Rosseau y personalmente hizo el recibimiento vestido grotescamente. A partir de ahí cayó en el ridículo y perdió credibilidad.

El segundo error constituyó una denuncia innominada contra varios diputados pero sin atinar a dar a entender siquiera sus nombres. El presidía la tenebrosa comisión de Salud Pública que decidía quien tenía que morir al día siguiente. Una especie de GESTAPO de la Alemania nazi o la KGB de los bolcheviques, organismos de tortura y ejecución de los totalitarismos de derecha e izquierda respectivamente. Aquí hay que hacer una digresión obligada. La expresión “salud” se refiere a la salud política respecto de sus instituciones y que proviene de una famosa locución “Salus Publicun Suprema Lex Est”. Sin embargo en nuestro país a alguien se le ocurrió colocar esta expresión en el frontispicio del Ministerio de Salud en el sentido que hoy le damos a la salud. En Roma jamás existió un ministerio de salud para curar de sus enfermedades al pueblo.

Pero bien, vayamos al grano. Al no haber acusaciones con nombres concretos muchos sospecharon que sus cuellos estaban en juego. Uno de ellos fue José Fouché, de los tantos diputados jacobinos de la asamblea. Se percató del peligro inminente cuando recibió la información que fueron a buscarle a su domicilio. Esa noche saltó de casa en casa. Visitó a la mayor cantidad de diputados y les advirtió del peligro, diciéndole, “tu estás en la lista de Robespierre” cuando en realidad su cuello estaba en juego. A la mañana muy temprano se tuvo el quórum y Fouché se ocultó, pero contó el número de diputados dispuestos a acompañar el golpe contra el carnicero. Este, nuevamente cometió el mismo error de la vez anterior pues tenía la palabra y a nadie acusó en particular, pero dio a entender que existían traidores a la causa de la revolución. Esto bastó para que Fouché maniobrara y le sacaran a Robespierre el micrófono como hoy se suele decir. En ese momento se selló la suerte del carnicero. Vino la acusación, pero esta vez contra el presidente de la comisión de salud pública. Ese día muchos salvaron la vida. Poco después el carnicero iba camino al cadalso. Se cumplía así el vaticinio de una de sus víctimas de semanas atrás, el también jacobino Georges Jacques Danton. – Me seguirás Robespierre, exclamo con voz estentórea antes inclinarse ante la guillotina. Y efectivamente su cabeza, como la de tantos otros miles enviados al cadalso por orden de él, cayó al canasto. A partir de ahí los ánimos se calmaron y la revolución siguió otro curso de acción.

3 Responses to EPOCAS Y PERSONAJES

  1. carolus dice:

    No debería leer esto… Es retorcidamente maquiavélico. Entre, mire y ya me contará:

    Haz clic para acceder a Manual_y_espejo_de_cortesanos.pdf

    Mas sobre estrategias, trucos psicológicos, seducción y mente en
    http://www.personal.able.es/cm.perez/

    Saludos

  2. nelida diaz dice:

    Buenisima la idea de usar la tecnologia,los colorados no somos atrasados mentales como creen los otros…suerte y adelante!
    COLOO O COLOA KAIPUENTEÑA.

    • osvaldobergonzi dice:

      Nelida:
      Aprecio tu salutación. Es cierto, nosotros los coloó no le debemos dar la derecha a nadie en capacidad. Saludos cariñosos

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