LOS ACONTECIMIENTOS SE VUELVEN MITOS CON EL TIEMPO


EL AUTÉNTICO CHE GUEVARA
“El Che nunca trató de ocultar su crueldad, por el contrario, entre más se le pedía compasión más él se mostraba cruel. El estaba completamente dedicado a su utopía. La revolución le exigía que hubiera muertos, el mataba; ella le pedía que mintiera, él mentía. En la Cabaña cuando las familias iban a visitar a sus parientes, Guevara, en el colmo del sadismo, llegaba a exigirles que pasaran delante del paredón manchado de sangre fresca” Capellán de La Cabaña, padre Javier Arzuarga.
Ernesto Guevara nació en Rosario de Santa Fe, Argentina en 1929. De familia pudiente, se hizo médico y más tarde guerrillero al servicio de la revolución cubana de Fidel Castro. Todo lo demás es bastante conocido, hasta su muerte en Bolivia por parte del ejército de ese país en 1967. A partir de ahí nace el mito. Al principio tal admiración no pasaba de algo snow, una moda de juventud. Vinieron canciones alusivas. Al fin y al cabo hasta hoy se recuerdan las aventuras guerreras de Felipe Varela, un caudillo del siglo XIX de tierra adentro de la Argentina. Nada que nos anuncie violencia. No obstante, este no era el caso, se trataba de alguien que llegó al poder matando y murió matando. Era la cultura de la muerte personificada. En apariencias todo un héroe.
Los marxistas cubanos lo glorifican hasta hoy y existe todo un culto del Che Guevara en ese país. La juventud latinoamericana no fue ajena a tales cosas. La juventud es así. De los 20 a los 30 años nuestra tendencia natural es de izquierda. De los 30 a los 40 años nuestra tendencia es liberal y de los 40 años en adelante nos volvemos conservadores. Es la universidad de la vida que a través de la experiencia nos enseña la realidad o las realidades del mundo en que vivimos. En parte el Quijote de la Mancha puede servirnos de guía en este derrotero que muchos llaman valle de lágrimas.
Pero la alerta roja surge cuando aparece la nueva panacea latinoamericana titulada Socialismo del Siglo XXI, cuyo portaestandarte es el Che Guevara según lo proclamó Hugo Chávez señalándolo como ejemplo sin parangón y usando sus mismas expresiones como “Socialismo o Muerte” o “Gusanos” al referirse a la gente pudiente.
James Mason un asesino norteamericano que gustaba matar gente rica además de una actriz famosa como Sharon Tate, luego de cometer sus carnicerías, escribía con las sangre de sus víctimas “Pigs! (cerdos) Los marxistas los llaman “gusanos”. En nuestro país ya se escucha con alguna frecuencia “Socialismo o Muerte”.
Cuando uno pretende conocer mejor a este personaje que despierta tanta pasión se encuentra solo la parte romántica de su paso por este mundo como si se tratara de Robin hood el que robaba a los ricos para dar de comer a los pobres. Pero hurgando archivos y papeles uno se encuentra con cosas tan macabras como lo fueron los campos de Treblinka y Auswitch.
El siniestro lugar se llama San Carlos de La Cabaña y se encuentra a la entrada de la Bahía en La Habana. Hoy un lugar de turismo. Se trata de una fortaleza imponente terminda en 1774 como resguardo militar de Cuba, entonces colonia española. Guarda algún parecido con la de igual clase en Cartagena, Colombia.
En ese sitio sucedió algo macabro en los primeros años de la década de los años sesenta. Allí se instaló un tribunal revolucionario a las órdenes directas del comandante Ernesto Guevara, ciudadano cubano de nacimiento declarado como tal por el gobierno de su amigo Fidel. Por allí pasaron miles que no verían nunca más la luz del sol. Declara su entonces capellán, Padre Javier Azuarga lo siguiente:
“El Che nunca trató de ocultar su crueldad, por el contrario, entre más se le pedía compasión más él se mostraba cruel. El estaba completamente dedicado a su utopía. La revolución le exigía que hubiera muertos, el mataba; ella le pedía que mintiera, él mentía. En la Cabaña cuando las familias iban a visitar a sus parientes, Guevara, en el colmo del sadismo, llegaba a exigirles que pasaran delante del paredón manchado de sangre fresca”
Nada nuevo existe bajo el sol. Así obraron en su momento los jacobinos con Robespierre a la cabeza en Francia durante la revolución. Así siempre obraron los déspotas. Matan, azotan; son crueles para infundir pánico a su alrededor. El último de ellos fue el presidente de Yugoeslavia que fue condenado por genocidio. El responsable del conflicto bélico en los Balcanes durante y después de la guerra en Bosnia. Pero con el tiempo reaparecen con otra forma de operar sus bajas pasiones los Osama Ben Laden y otros del mismo pelaje sedientos de sangre.
Lo que no tiene explicación es que nuestro pueblo crea las patrañas que les cuentan los marxistas quienes a apropósito ocultan el verdadero rostro de su héroe. A continuación veremos que nos dice Ernesto Che Guevara respecto a lo sucedido en San Carlos De La Cabaña: “No demoren las causas, esto es una revolución, no usen métodos legales burgueses; el mundo cambia, las pruebas son secundarias. Hay que proceder por convicción. Sabemos para qué estamos aquí. Estos son una pandilla de criminales, asesinos, esbirros. Yo los pondría a todos en el paredón y con unos cincuenta ratatatata…..a todos”
¿Acaso por cosas así no se lo acusa a “Tuerca” Montanaro, acaso por eso no se le condenó a Pastor Coronel a los Sapriza, Riveros Taponier y compañía? Todos obran de igual modo solo que la crítica sobre tortura y muerte va dirigida en exclusividad a la derecha y jamás a la izquierda siendo ambas partes igualmente abominables en sus prácticas pues la maldad es maldad provenga de donde provenga.

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