¿QUÉ SIGNIFICA EL SOCIALISMO?


PRIMERA PARTE

¿Que significa socialismo? Muchos alardean pronunciando el vocablo con voz altisonante pero por lo que se lee, observa y escucha no tienen idea de lo que están hablando. Hoy por hoy el socialismo se convirtió en un término lato y difuso debido a la evolución que sufrió desde la mitad del siglo XIX hasta el presente. Sin duda su nombre aparece como una reacción contra el liberalismo.
Al principio se creyó que con el triunfo de la revolución francesa el liberalismo se esparciría por el mundo para otorgar bienestar al hombre. Los privilegios de la nobleza como del clero fueron
sustituidos por la libertad absoluta del individuo como único artífice de su destino. Los monopolios reales y eclesiásticos fueron desapareciendo para emerger la libre competencia y el libre mercado en tanto que en el aspecto estrictamente político se difunde el voto universal, el principio de la igualdad ante la ley y la división de las funciones de los poderes del Estado en ejecutivo, legislativo y judicial. De manera que el liberalismo posee dos vertientes, la económica y la política.
La primera de ellas debido al derecho de propiedad consagrado por las constituciones, produjo muchos inventos nuevos, nuevas técnicas de producción pero al mismo tiempo una gran mayoría dependiente y desprotegida compuesta por obreros y empleados al servicio de las nuevas iniciativas individuales. Si antes fueron los reyes, duques y marqueses los detentadores del dinero en adelante lo serán plebeyos surgidos del nuevo orden de cosas. Si antes los monarcas protegían a sus súbitos debido a sus ingentes recursos a partir del cambio éstos quedan librados a su suerte, es decir, al libre mercado y a la competencia donde no siempre participan los mejores especimenes del género humano.
Frente a tales realidades surgen las primeras ideologías socialistas. Pero igualmente se descubre que no todos los hombres son iguales. Algunos poseen talento para inventar o para hacer dinero en tanto las mayorías deben alinearse a tales realidades. A ese liberalismo económico que aún se lo denomina “salvaje”, le sustituye otro más moderado debido a los controles fiscales. Tales reformas nacen como producto del debate con los socialistas. Pero como el hombre en su derrotero económico siempre encuentra los caminos para burlar a la ley, pronto comienzan a proliferar los monopolios. En los Estados Unidos se promulga una ley en contra de tales manejos. Pero todos los esfuerzos son débiles para frenar la desmedida rapacidad de unos pocos. El enfrentamiento entre las corrientes liberales y socialistas se agudiza. Pero estos carecían de un argumento científico para rebatir al liberalismo sustentado en filósofos de la talla de un Montesquieu, por dar un ejemplo. Criticaban a los estados liberales pues según ellos su tarea se circunscribía a mantener el orden (Estados Gendarmes) mientras las iniciativas privadas masticaban a cuatro carrillos y no importaba mucho como vivía el pueblo, sumido en la más repugnante pobreza, peor aun que la de épocas feudales. Y sus críticos bastante razón tenían.
De pronto aparece lo que faltaba, una obra metódica que analizara tales contradicciones bajo la óptica socialista. Se destaca en el firmamento la figura de un judío alemán cuya familia se convirtió al catolicismo como en el caso del primer ministro británico, al anglicanismo, Benjamín Disrraeli. Los hijos de Israel convertidos al cristianismo no fueron pocos y dieron al mundo su aporte. En el caso que nos ocupa, el personaje se llamó Karl Marx y a su obra cumbre la tituló EL CAPITAL.

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