SOMOS UNO


VIENTOS DE RECONCILIACIÓN DISPERSARÁN TEMPESTADES
Soplan vientos de conciliación. Los hechos lo refrendan. Un suave céfiro tiende a dispersar pausadamente la maraña de entuertos en que se debate el Partido Colorado desde la proclamación misma de Blanca Ovelar de Duarte como candidata a la Presidencia de la República por el entonces oficialismo.

Por Cándido Silva

Soplan vientos de conciliación. Los hechos lo refrendan. Un suave céfiro tiende a dispersar pausadamente la maraña de entuertos en que se debate el Partido Colorado desde la proclamación misma de Blanca Ovelar de Duarte como candidata a la Presidencia de la República por el entonces oficialismo.

La cuestión, bien se sabe, se agravó el 20 de abril de 2008 cuando la ex ministra de Educación y Cultura cayó en las urnas ante el actual jefe de Estado, Fernando Lugo. A partir de ese fatídico día para el coloradismo, empezó el canje de denuncias, recriminaciones e improperios entre individualidades del Progresismo, Vanguardia y corrientes minoritarias, cada fracción acusando a los ocasionales rivales del acre revés electoral sufrido por la asociación política de gobierno.

Pero tales sucesos pertenecen al pasado. Al menos así deberían pensar quienes con franqueza aspiran a rectificar errores, reparar daños y enmendar desaciertos, sustituyendo el reciente escenario de áridas e inconducentes pendencias por un proscenio más dispuesto para el coloquio juicioso y con genuino compromiso partidario.

Los diputados colorados de las Bancadas A y B formalizaron, al inicio de la segunda quincena de junio en curso, lo que podríamos conceptuar como el anticipo de la unidad dentro del equilibrado disenso, al confluir sus fuerzas trasuntadas en votos para la conformación de la mesa directiva e integración de las comisiones asesoras de esa cámara del Congreso.

Si los colorados presidirán dicha cámara u ocuparán la titularidad de las comisiones principales es un asunto relevante, pero en este caso deviene accesorio, porque lo aquí resalta es la buena voluntad, la predisposición de esos legisladores por reunificar al Partido en ese cuerpo parlamentario.

El ejemplo de Diputados debe ser contagiante. Debe transmitirse al Senado o la tarea, tan esforzadamente realizada, quedará inconclusa, aplazada para un futuro aleatorio, sujeto al azar, en que los traviesos gnomos del albur harán de las suyas victimizando con engañosas imágenes a aquellos insensatos que por personalismos crónicos extraviaron la óptima coyuntura de propiciar tempranamente el retorno al poder constitucional de la Nación.

Aguardemos que en el Senado, donde las controversias son superiores y urticantes, cunda, ¡alabado sea el Señor!, la cordura en el ánimo de progresistas y vanguardistas, cediendo cada movimiento lo que en justicia corresponde para de ese modo construir un bloque único, indisoluble, que autentique el reagrupamiento triunfal del coloradismo a escala legislativa.

De plasmarse esa fausta avenencia entre los actores del ámbito parlamentario, por tratarse la mayoría de influyentes dirigentes con predicamento popular, con lógica inferimos que el modelo se trasladará con suceso y celeridad a las Gobernaciones, Juntas Departamentales y Municipales, a las Seccionales y demás organismos de apoyo del Partido, y …. hasta la propia Junta de Gobierno, recinto sacrosanto en que debe convalidarse y vigorizarse el empeño ensamblador.

Sin omitir la trascendencia de que un colorado presida un poder del Estado, una suerte de enérgico y eficaz entrenamiento con vistas a sortear con éxito el imponente desafío del 2013, lo cierto es que lo acontecido en Diputados debe convocarnos a la reflexión templada y meticulosa: si 30 correligionarios, políticamente encumbrados por el sufragio de los afiliados, supieron derrotar discrepancias en pro del ideal supremo de unidad, conservando las identidades movimentistas, es atinado entrever que el todavía errante proceso de convergencia partidaria encauce finalmente su proa hacia el feudo del lúcido discernimiento.

Resucitemos ahora ese imperecedero y aglutinante lema de tantas campañas victoriosas del Partido Colorado: SOMOS UNO, frase envolvente que resumía el espíritu de efervescente unidad que anidaba en el corazón del pueblo republicano, accidentalmente desorientado e irresoluto a raíz de los pleitos en que se hallan hoy enfrascados los líderes y respectivos círculos áulicos.

El reencuentro definitivo no está a la vuelta de la esquina, tal cual se habitúa manifestar cuando las cosas se presentan asequibles. Tejer un reencuentro estable en el Partido Colorado es como trabajar un delicado ñandutí que exige manos expertas y hábiles para el estético tramado de los delgados filamentos. No obstante, la carrera ya largó en Cámara de Diputados. Si en el Senado emulasen esa congruente iniciativa, entendemos que ese impulso benéfico se disparará por toda la geografía nacional. Entonces, será posible reflotar esa regia marea colorada que amilanó al más pintado y soberbio de los adversarios políticos durante seis decenios.-

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