NOTA EDITORIAL


AL PUEBLO COLORADO ¡SALUD!

Esta llanura no pudo ser más oportuna. El Paraguay cayó en manos de los locos Adams, pero de nuevo cuño, donde no existe concierto ni curso de acción y cada cual toca su corneta por cuerda separada produciendo un desafino infernal sin parangón. Y para colmo, con un obispo de presidente que ni siquiera tiene idea de cómo los hombres pueden profilácticamente evitar la paternidad. Quien mal anda mal acaba. Y peor aun, acusado del delito de violación por parte de una de sus tantas mujeres. Si ni siquiera sabe administrar estos detalles, ¿cómo se le puede pedir que gobierne un país?

El colorado hoy se percata que la campaña en su contra se va diluyendo a medida que pasa el tiempo. Si nuestros corruptos hicieron posible la hazaña de desalojarnos del poder, no es menos cierto que nuestros detractores hoy nos muestran los mismos defectos por los cuales fuimos vilipendiados. Sin duda, no fuimos sustituidos por norteamericanos o australianos sino por paraguayos que hablan un mismo idioma y practican las mismas costumbres, es decir, de todos habemos en la viña del señor sin distingos de colores.
Estos acontecimientos deben llamarnos a una sana reflexión. Nuestros jóvenes que son nuestra esperanza y a quienes debemos nuestra más afectuosa devoción han llamado a la cordura a sus mayores pidiendo la unidad. No es posible que la ANR se muestre como una institución plagada de conscriptos que no ven más allá de la primera zanja que se les presenta en el sendero. No es posible que no entiendan que debemos más que nunca estrechar filas entre nosotros. No es posible que no entiendan que nuestros adversarios con sus actos nos han colocado un puente de oro para recuperar el poder en la brevedad. ¿Acaso son ciegos?
Nadie les pide que piensen del mismo modo. Nadie les pide que se vuelvan unos autómatas. Al contrario, le pedimos que nos unamos en el disenso. Pero a la hora de defender el rojo pendón y a la estrella blanca de Belén cerremos nuestra trinchera pues por encima de todo se encuentra nuestro glorioso y querido Partido Colorado por el cual lucharon y se sacrificaron nuestros mayores, muchos de ellos, muertos en la indigencia luego del deber cumplido en la función pública. En el próximo número de nuestro semanario se abrirá la lista para que nuestros lectores los conozcan con nombre y apellido.
Debemos recordarles que el último gran enfrentamiento no fue entre militantes y tradicionalistas sino entre éstos y los llamados contestatarios pero que a la hora en que el partido se hallaba por encima de sus intereses, siempre estrecharon filas entre ellos, a pesar de sus divergencias. Lo que vino después fueron personalismos nocivos que nos han llevado al estado actual.
Por eso debemos escuchar la voz de nuestros jóvenes que nos piden la unidad en el disenso. Sepan los que se quieren erigir en caudillos que las urnas coloradas hoy día se han vuelto más exigentes que nunca. Con dinero mal habido no se va a recuperar el electorado sino con hombres honrados. Dejen que el pueblo colorado decida en su momento. El tiempo juega a nuestro favor, de modo que no nos apuremos en convocar a elecciones prematuras que siempre producen rasguños. Aguardemos con paciencia oriental para asaltar las ya destartaladas trincheras de nuestros adversarios. Ellos se van a encargar de devolvernos el poder. No se apuren. El pueblo paraguayo clamará nuestro regreso, siempre y cuando vea una esperanza en nosotros. No ofrezcamos a la opinión pública el triste espectáculo que hoy nos ofrecen quienes prometieron el cambio en el Paraguay y por lo que se observa y escucha resultó todo un gran fiasco. Escuchemos los consejos de nuestros viejos caudillos, y consultemos con nuestras dignas damas de todas las edades y de nuestros jóvenes, que además de conformar la gran mayoría de nuestro electorado, ¡son nuestra esperanza!

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: