LA CAUSA DE LA INDEPENDENCIA DE SUDAMÉRICA Y OTRAS CUESTIONES


Por Osvaldo Bergonzi*

El cetro español en 1808 ya no se halla bajo la conducción de monarcas como Isabel La Católica o Fernando de Aragón sino de hombres pequeños como el rey Carlos IV o su hijo Fernando VII. España, a diferencia del reino de Inglaterra no supo conducirse con honorabilidad respecto de las pretensiones napoleónicas, a pesar de contar con un pueblo valiente y corajudo como el que más pero que sin conductores dignos de respeto no pudo impedir la invasión del país por el nuevo árbitro de Europa y emperador de los franceses, Napoleón Bonaparte.

Esta noticia sensacional llega a América poniendo inmediatamente en la cuerda floja los lazos administrativos con la metrópoli del viejo mundo en estas latitudes. Del poder proveniente de Dios, los monarcas reparten una migaja a sus representantes en el nuevo mundo sea bajo el instituto de virreinatos o capitanías según cada lugar y circunstancia. Estos a su vez delegaban el poder a los gobernadores de cada provincia sometida a su jurisdicción. Pero un hecho nuevo como la señalada invasión inmediatamente convulsiona a la América hispana pues los poseedores de los sellos reales están presos o escondidos, a la vez que ni entre ellos se llevan bien a pesar de tratarse de padre e hijo. Al principio parece que España seguirá en la liga napoleónica, consecuentemente sus dominios allende el atlántico supuestamente quedarán resguardados. Pero Inglaterra así como apoyaba a Portugal, vio en España la tabla salvadora y buscó su alianza. Fracasado su plan debido a la iniciativa del emperador francés, se lanza a conquistar el Rió de la Plata y con ello comienza una nueva historia sudamericana entre los futuros países tributarios del río de la plata, a los cuales se agregan chile y Perú. En cada una de las cruzadas de libertad se hallarán hombres lúcidos y con sentido de patria. Otros, más empecinados en sustituir a los españoles en los altos cargos públicos, mostrarán su verdadero rostro. Algunos, nos dirán cómo el hombre reacciona ante el poder y cómo las historias de intrigas y traiciones se repiten.

Esta visión se ampara en la trayectoria de la espada de José de San Martín quien una vez de regreso a su terruño cambiará el curso de los acontecimientos, todavía inciertos, luego de la retoma del poder por el monarca español y el exilio definitivo de Napoleón en Santa Helena. Este autor no pretende hacer historia convencional sino rescatar de los documentos confiables la esencia fundamental de cada uno de los protagonistas en lo que fue el antiguo virreinato del río de la plata.

Hay documentos y documentos, depende de quien venga. Hoy día se investiga mediante reportajes a los protagonistas directos como sucede con los hechos de la segunda guerra mundial que desmienten muchas patrañas contenidas en documentos. No siempre lo que se escribe tiene validez sino se proyecta en el tiempo. Por eso, la documentación histórica debe ser equivalente en cierta medida a la jurisprudencia de los países sajones y anglosajones, es decir, en la repetición constante y uniforme de los fallos sobre una misma cuestión. En nuestro caso, la postura o reacción repetitiva del protagonista cada vez que se encuentra sometido a prueba respecto a la causa por la cual lucha sea cual fuere el escenario. De manera que nuestro estudio abarca en alguna medida los valores vigentes a principio del siglo XIX para poder justipreciar acciones así como no escapa del contexto el origen social de cada actor y su aspecto psicológico. En cierto modo nos hemos colocado como abogados de cada uno de nuestros personajes centrales, desde San Martín, Artigas, Rosas y Solano López, así como de los demás protagonistas que convivieron con ellos. Algunos muy antagónicos pero también precursores de la independencia de América. Por otra parte, queda aclarado que hemos elegido a San Martín como símbolo, no solo por haber sido el libertador de medio continente, sino por ser él, el único que no cae en las cenagosas aguas de la política, en consecuencia, su espada no se desenvaina nunca para matar hermanos.

Por su parte el prócer, antes de morir, dicta su testamento y lega su espada al general Juan Manuel de Rosas. ¿Por qué realmente lo hace?, lo veremos desde nuestra perspectiva. No obstante, José Gervasio Artigas debió ser el primer heredero, pero por su desaparición prematura del escenario por causas ya conocidas pero no suficientemente analizadas, no le pudo corresponder tan justiciero honor.

Trascurridos los años, el General Rosas, dicta en 1869 su testamento y lega a su vez la suya por los mismos motivos expuestos por San Martín, al Mariscal Francisco Solano López. Así concluye la trayectoria de la espada.

Pero como quedan algunos matices adicionales respecto a la causa por la cual Rosas lega su espada, se incluye un quinto capitulo final para señalar con nombre y apellido a los responsables directos del genocidio paraguayo durante la guerra de la Triple alianza, sus autores, cómplices, instigadores y encubridores, cosa que hasta el momento no ha sido aún muy bien aclarado.

Tropezamos con la negativa del gobierno del Brasil de no destrabar la correspondencia privada del emperador Pedro II con su yerno Gastón de Orleáns, Marqués de Caxias, José Maria de Silva Parahnos y la de ellos entre sí. En el año 2004 el presidente Lula Da Silva anuncia que los documentos serán en breve puestos a disposición de los investigadores, pero ni bien lee algunos de ellos, se echa atrás diciendo que los mismos harán más daño que bien. Posiblemente sea el único país de la tierra en guardar documentos de los cuales se avergüenza.

Pero aún así pudimos reconstruir tales documentos partiendo de uno fundamental suscripto en 1867, el que fuera avalado por la conducta repetitiva del remitente de la carta, de negarse al exterminio desde esa fecha hasta su retiro definitivo del teatro de operaciones en enero de 1869, por decisión unilateral, desobedeciendo así a su monarca y a su gobierno, a quien para acallarlo lo convertirán en Duque de Caxias, el único plebeyo en alcanzar este título de nobleza durante el imperio.

Finalmente, por una casualidad, hemos rescatado un testimonio inédito guardado en un viejo baúl durante casi 140 años que aclara definitivamente la conspiración contra el Mariscal López. Los investigadores publicaron con otro propósito, el de estudiar las relaciones diplomática entre los Estados Unidos de América y el Paraguay. No obstante, al final del diario íntimo del ministro residente americano aparece la parte del rompecabezas que falta colocar para cerrar definitivamente aquel círculo de miserias.

Este libro ha sido escrito porque creemos que faltaba uno de su tenor del lado del Paraguay que a lo largo de su historia se encierra en ella sin salir de su caparazón, privándose así de conocer más a profundidad a los auténticos forjadores de la América del Sur. Salvo el caso de Efraín Cardozo, Julio Cesar Chaves, Rafael Eladio Velásquez y Antonio Ramos, entre otros pocos, no nos hemos preocupado de indagar más a fondo en la vecindad, con una riqueza enorme en episodios apasionantes. Esperemos que la obra sea del agrado, particularmente, de los lectores argentinos, uruguayos, chilenos y peruanos con lo cual nos sentiremos satisfechos.

Hemos encarado la tarea con la mayor objetividad posible, o por lo menos, eso procuramos. Si lo logramos, no seremos nosotros en juzgarlo así.

* Preludio del libro  “LOS HEREDEROS DE LA ESPADA”

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