CARTA ABIERTA A LA PRINCESA DIANA DE ORLEANS


Estimada Señora:

Sepa Ud. disculparme de antemano el dirigirme a una representante de su sexo en la manera en que voy a hacerlo, no de modos (ya que, si bien no poseo sangre azul, me han educado desde pequeño con normas de delicadeza y ubicuidad de las que casi nunca prescindo en mi trato con los semejantes aunque muchas veces como en esta, el caso lo amerite), sino de fondo en ocasion de su presencia en nuestras tierras.

Si bien es cierto que las fronteras solo las ponemos los hombres y que los limites a la convivencia no son montañas, ríos o líneas arbitrarias trazadas la mayoría de las veces con sangre, sin embargo no puedo obviar que su presencia en mi país insulta mi memoria histórica, y mis genes entran en una ebullición que intentare contener en este descargo escrito que hago, más que con la esperanza de que a Ud. llegue a interesar, con la fe en que mis compatriotas deben despertar a la historia para no repetir los errores del pasado.

Sepa Ud. por si no se ha informado, que pese a que la historia la escriben los vencedores, en este país los vencidos también sabemos de una historia escrita en sangre y transmitida en los mas fiables libros de la preservación generacional: la memoria popular. Entérese por favor que su Bisabuelo, nacido como Luis Felipe María Fernando Gastón de Orleans, conocido como Conde D´Eu y casado con su bisabuela Isabel de Braganza, hija del Emperador Pedro II del Brasil, es el mas grande GENOCIDA que ha conocido la historia de las Américas.

Sepa Ud. que su bisabuelo, de dudosa reputación en cuanto a su conducta personal, se enmarco en la persecución del Comandante del Ejercito Paraguayo, el entonces General Francisco Solano López, pero con dicho pretexto, aniquilando todo lo que encontraba a su paso, saqueando cuanta estancia o pueblo hallase en su camino, todo ello pese a que Asunción, capital del Paraguay, ya se hallaba bajo dominación de las tropas aliadas meses atrás.

Sepa Ud. que su bisabuelo, hoy héroe y cuasi-santo para el Ejercito de su país, cometió en Piribebuy, un humilde pueblo del interior del Paraguay, una de las atrocidades mayores de la guerra, en venganza por el asesinato de su "mas que amigo" el Capitán Mena Barreto: mando desguazar vivo al Capitán Pedro Pablo Caballero quien defendía la plaza de Piribebuy cumpliendo con su misión de soldado, y aun no satisfecho, mando tapiar las puertas y ventanales de la Iglesia de Piribebuy convertida en hospital de sangre, y prenderle fuego con un numero indeterminado de heridos, mujeres, ancianos y niños dentro, los cuales murieron en ese evento calcinados sin poder salir de la trampa mortal que su bisabuelo cerro.

Sepa Ud. que, no contento con su carnaval de sangre, solo cuatro días después, cometía el CRIMEN MAS HORRENDO QUE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD RECUERDE: LA MATANZA DE NIÑOS EN LOS CAMPOS DE ACOSTA ÑU. Niños de entre cinco y dieciséis años eran lanceados y pasados a espada por las tropas brasileras comandadas por su bisabuelo, en una desenfrenada orgia de muerte y destrucción. Sepa Ud. por si no lo sabe que hasta en la guerra existen códigos y en esta se violaron todos, la mayor parte por protagonismo de su bisabuelo en pocos días de desempeño-

Sepa Ud. Señora que me rebelo con tan solo pensar que Ud. pueda estar pisando mi suelo, respirando mi aire y, para colmo, no reconociendo los errores del pasado que la historia grita a los cuatro vientos. Su culpa no es solo llevar el apellido de su bisabuelo y recibir una jugosa pensión por su titulo nobiliario heredado, sino también hacer vista ciega y oídos sordos a los clamores históricos de este pueblo que aun no termina de reponerse de la sangría que le proporciono tamaña contienda.

Sepa Ud. Señora que hubiese hecho bien en quedarse en su país y guardarse sus mendicantes monedas con las que pretende lavar su apellido y blanquear su conciencia. Sepa Ud. que si quiere hacer algo por reivindicar el dolor de este pueblo, que todavía a 140 años de finalizada esa guerra espurrea y bastarda sigue recibiendo bofetadas de parte de gente como Ud., es solicitar formalmente la apertura de los Archivos Históricos que su país, comportándose como el Imperio que nunca dejo de ser, conserva aun bajo siete llaves en el temor de que nuestros reclamos toquen sus bolsillos o sus intereses, o que sus crímenes de lesa humanidad puedan ser llevados a una Corte Internacional, aun a casi siglo y medio de la felonía de esa guerra, para poder ser reparados como corresponde.

Sepa Ud. Señora que los crímenes de su bisabuelo no prescriben. Así como la memoria de un pueblo que aun no cerro sus heridas porque no se lo permiten hacerlo.

Sepa Ud. Señora que no es bienvenida a esta tierra y que cuando vuelva en el mes que prometió volver, espero lo haga con la conciencia tranquila de haber permitido a un pueblo reivindicarse con su historia, de reconocer que el sol no se tapa con un dedo y de que, indefectiblemente, los dinosaurios, aun los de la historia, van a desaparecer…

Prof. Dr. Miguel Ángel Velázquez Blanco
C.I.P. Num. 759.867
Medico Neurocirujano
Miembro de la Academia de Historia Militar del Paraguay

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