Por Osvaldo Bergonzi
El 15 de mayo de 1811 resultó muy económico en vidas paraguayas. Nadie sufrió un chichón para conseguir nuestra independencia mientras en otros lares morían como mosquitos. ¿Nunca se preguntaron?
Solamente, José Félix Bogado, por decisión propia se inscribió como voluntario para acompañar al general José de San Martín en su gesta libertadora. Bogado escapó de su país para defender la independencia de esta parte de América y recibió de su jefe como recompensa el mando del ejército libertador con el grado de coronel para llevarlo de vuelta a Buenos Aires. Una ciudad de la provincia de Santa Fe lleva su nombre como gratitud por su heroica actuación.
Nuestra independencia no había sido ganada aun pues nuestros territorios eran codiciados por nuestros vecinos que al fin de cuentas hicieron el esfuerzo principal para desalojar a los españoles. Nosotros nos independizamos en los papeles, en los documentos.
El Supremo Dictador mantuvo a raya nuestras fronteras pero a costa de muchos sacrificios cívicos. Carlos Antonio López creyó que con el derrocamiento de Juan Manuel de Rosas y el posterior reconocimiento de nuestra independencia por la Argentina en 1852 habíamos dado un gran paso.
Pero no fue así pues 3 años después del alejamiento de Rosas se presentó el Brasil con una flota de guerra (1855) para reclamarnos no solamente legítimos territorios nuestros sino la libre navegación del río Paraguay. El Brasil derrocó a Rosas para no tratar con él los límites en Mato Grosso pues éste no había reconocido la independencia del Paraguay. En consecuencia jamás se hubiera animado a llegar con una flota de guerra para enfrentarse contra un león que los corrió a ingleses y franceses en 1845.
Como se ve era imposible evitar la guerra con la pluma como deseaba Don Carlos si previamente no entregábamos todo el Chaco y el Mato Grosso del Sur. De ahí la impronta de Cerro Corá. De ahí la importancia del sacrificio de un pueblo y su conductor.
Mientras el holocausto llegaba a su fin la opinión pública americana los rechazaba a los aliados, particularmente a los brasileros. La prensa los fustigaba. Toribio Pacheco, canciller del Perú, envió una nota insultante al imperio y sus aliados. El congreso de Colombia emitió una resolución de solidaridad con el pueblo y gobierno del Paraguay.
Hubo ruptura de relaciones. En tanto los Estados Unidos advertían que ellos no permitirían cercenamientos y menos la desaparición del Paraguay. La mejor prueba lo constituye su intervención directa como mediador y el posterior fallo del Presidente Hayes devolviéndonos el Chaco y obligando a los argentinos a arriar su bandera. No fue como nos pintan que ellos buenamente aceptaron someterse al fallo. El Tío Sam los intimidó. La mejor prueba lo constituyen sus todavía reclamos sobre la costa del Pilcomayo.
Por eso la muerte de Francisco Solano López tiene un significado muy profundo en nuestra nacionalidad.
Marzo es un mes de héroes (1870 y 1999). Gestas gloriosas, una militar y la otra civil.