ÉPOCAS Y PERSONAJES


Una página que rescata hechos y personajes de la historia tanto de nuestro país como de otros. En algunos casos reflejan folklóricas nostalgias pero a la vez nos señalan interesantes novedades que pueden servir de ejemplo para corregir conductas. En esta ocasión iniciamos con una serie de breves biografías de figuras coloradas contenidas en el libro  ESPEJO PARA LA JUVENTUD  de Arsenio Basualdo. Publicaremos solo algunas pues se trata de 167 vidas coloradas que los jóvenes deberían adquirir dado que allí abrevarán de la historia de nuestro partido. Comenzamos con Juan E. O´Leary y Eduardo López Moreira. Seguidamente publicamos el evangelio del domingo 8  de noviembre.

 JUAN E. O’LEARY

 Forma parte de aquellos hombres que pasaron a la inmortalidad por sus obras, por su accionar, por su valentía, la virilidad y la firmeza de sus convicciones ideológicas y nacionalistas.

En el año en que asumía la Presidencia de la República el fundador de la Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado) General de División Bernardino Caballero, en 1880 nacía en Asunción  el “Cantor de las Glorias Nacionales” un 13 de junio.

Alumno sobresaliente del Colegio Nacional, donde inició sus estudios, sus trabajos literarios y ensayos oratorios. En el Periódico “Juventud”, tuvo relevante trabajo como escritor, en plena juventud, junto a Ignacio Alberto Pane y Enrique Solano López.

 

Se une a Ricardo Brugada, aquel “abogado de los humildes” para fundar “El Estudiante”, adonde aparecen en 1898 los primeros artículos reivindicatorios de la historia paraguaya. Cuando contaba apenas con 21 años, en 1902, asumió la dirección del diario “La Patria” y en sus páginas publicó una serie de artículos titulados “Recuerdos de Gloria”.

O’Leary, adquiere y afirma su mayor profundidad en el nacionalismo. Producido el golpe de 1904, donde asumen los liberales, el maestro O’Leary conoce el camino del exilio, por sus fundamentados artículos en busca de la reivindicación de la figura del Mariscal Francisco Solano López.

Su destierro a Buenos Aires dio lugar para que por primera vez pudiera encontrarse con quien fuera el lugarteniente del Héroe, el General Caballero. De regreso a Asunción vuelve a empuñar la pluma, y desde el diario “La Tarde” reinicia su campaña reivindicadora con más, brío, con mayor pasión.

A la cruzada revisionista de O’Leary responde el gobierno liberal de aquel entonces con el cierre de la imprenta donde se editaba “La Tarde”. Pero aquello lejos de menguar en su espíritu lo impulsaba a seguir con su campaña histórica y vuelve a la carga meses después desde las columnas de “La Patria”. Se emplean entonces otras armas contra O’Leary, su rendición por el hambre y lo despojan de sus cátedras del Colegio Nacional.

Pero resiste y se traslada al interior del país. Llegó a San Lorenzo y desde allí enviaba a caballo y en carretas, correspondencias a “La Patria” donde se publicaban sus escritos. Es inolvidable para la historia, aquel 22 de setiembre de 1907, en que una multitud congregada ante la tumba del General José Eduvigis Díaz, escuchaba a O’Leary, cuando la tribuna fue interrumpida por el asalto de soldados armados al mando del entonces Ministro de Guerra y Marina Manuel Duarte, quien en medio de los gritos de “muera López”, sable en mano, ordenaba el atropello a la dignidad de un héroe.

Y fue O’Leary quien también estampó con el sello de la inmortalidad, por su gran afecto y admiración al General Caballero aquel nombre que aún resuena en los labios del pueblo al nombrar al héroe como el “Centauro de YbycuI”

Ha quedado su nombre en la memoria del pueblo, conocido como siempre como “El cantor de las glorias nacionales”. Y es que fue el reivindicador de la historia de su pueblo, de la verdadera historia, cuando de la Patria no quedaban sino escombros. Derrotismo y amargura. Eran los días de la infamia y de la postración. Y de aquellos postreros momentos, nace la voz que resurge el valor de la raza, la Voz de O’Leary, convertida en llama que agrasa la barbarie para dar luz a la verdad.

Dijo de él Manuel Domínguez: “ve de presente las cosas que fueron. Se pone en el alma del héroe, en el corazón de las heroinas. Lo que sintieron el soldado, la mujer, el niño, él también lo siente y lo infunde a su lector. Escribiendo, sufre hambre y siente frío en el vivac de nuestro Ejército, es actor en el sacrificio sin segundo, está en el Boquerón terrible”.

O’Leary dijo sobre sí mismo: “he querido ser ante todo el animador, y he buscado en la historia el eslabón roto de la cadena para establecer la continuidad de nuestra existencia, la reintegración de nuestra personalidad esencial”

“Para devolver a la nacionalidad su fe perdida –dijo- para unificar su conciencia, para curarla de suderrotismo he roto, al decir de un gran escritor, el pacto infame de hablar a media voz, y he gritado con la arrogancia del que no tiene de que avergonzarse la gran verdad de nuestra historia a la impostura y reivindicando nuestro título de gloria”

La voz de O’Leary irrumpió en la historia. Aquella voz insólita en medio de un silencio oprimente. La voz de aquella verdad que lo llevó a ser apóstol de la causa de la Patria, proscripta por el cuño liberal de su propia tierra.

Y triunfó con el la Patria. La verdad histórica del Paraguay estaba sellada par la posteridad. La pluma tomó como espada y la verdad como doctrina. Recogía así la historia aquel testimonio de su propia existencia y pudieron escucharse de nuevo en la Patria el nombre de Solano López primero, reivindicado, enaltecido por el tiempo y por las obras del maestro, los de las batallas que si tiñeron de sangre nuestro suelo en la epopeya, también se esculpieron con bronce.

Y fue O’Leary uno de los últimos de aquella generación del “Novecientos” que vio con vida nuestra generación presente, y fueron sus obras motivo de inspiración patriótica para nuestra juventud. Y es su ejemplo el ejemplo del soldado de la pluma firme, ágil y justa que dejó en nuestro medio su nombre y en nuestras retinas su figura de maestro.

Fue el reivindicador, el que con la historia hizo historia y con ella justicia. Por ella luchó y brindó su juventud y su inteligencia. El inobjetable veredicto del tiempo le dio la razón, porque buscó justicia en el pasado, y vivió rodeado del aprecio, la admiración y el respeto de sus compatriotas, de los paraguayos de bien que lo siguieron y lo comprendieron.

Y quedaron para la historia aquellas frases inmortales que tanto tiempo anidó en su pecho y pudo gritar por fin para borrar el “muera López”… “Mi Mariscal… tu vives, con la Patria…”

 

EDUARDO LÓPEZ MOREIRA

 

La historia de la Asociación Nacional Republicana, es una verdadera historia de la reivindicación de los derechos y la dignidad del pueblo paraguayo. De grandes realizadores de esfuerzos democráticos y acción revolucionaria, de porfiada lucha por la recuperación de la grandeza moral y material de la Nación, revelando con ello la pujanza de sus principios nacionalistas y de inmensa fe en los destinos de la Patria.

El Dr. Eduardo López Moreira fue ilustrado médico, nació en Asunción en 1875, fue profesor de la Facultad de Ciencias Médicas durante 30 años, donde supo demostrar toda su capacidad en la difícil ciencia. Egresó en su carrera profesional junto a otros ilustrados médicos primeros egresados (1903-1904) como Andrés Barbero, Juan Romero, Ricardo Odriossola, Luis E. Migone, Manuel Pérez y otros.

Cursó estudios de perfeccionamiento en Nápoles (Italia), y luego fue nombrado Decano y Profesor honorario de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional.

Desde su juventud abrazó la causa del Partido Colorado, al que brindó su inteligencia y su capacidad. Ejerció la presidencia del Partido Nacional Republicano entre los años 1920 y 1921 en reemplazo del Dr. Antolín Irala. Fallecido en el año 1920, el 20 de setiembre.

Fue miembro del directorio del Partido y ocupó las Carteras de Relaciones Exteriores, del Interior y de Justicia como Ministro. También por el Partido Colorado, estuvo presente en el Senado de la Nación, donde presentó proyecto de ley y defendió los derechos de la ciudadanía con capacidad.

Fue jefe de Servicio de Sanidad del Ejército y Director del Instituto de vacunación y seroterapia, Director del Hospital Nacional y fundador y Primer Presidente de la Sociedad Médica del Paraguay.

Brioso y entusiasta adalid del partido Colorado, se caracterizó siempre por su gran sensibilidad hacia los problemas del campesinado. El Dr. Eduardo López Moreira, cuyo nombre hoy se enorgullece de llevar la seccional colorada Nº 4 de la Capital, murió el 9 de agosto de 1944 a la edad de 69 años.

Fue un hombre respetado por sus cualidades intelectuales y su condición de hombre íntegro y leal. Ocupó funciones de importancia en el gobierno, y supo como científico dar lauros a la patria y al partido que acogió como ideal para su vida pública. Eduardo López Moreira fue uno de los grandes prohombres del coloradismo en la llanura.

 

Primera Lectura

 

Lectura de la carta del apóstol

san Pablo a los romanos

(16, 3-9. 16. 22-27)

 

 

Hermanos: Saluden a Prisca y a Aquila,

colaboradores míos en el servicio de Cristo Jesús,

que por salvar mi vida arriesgaron la suya. A ellos no

sólo yo, sino también todas las comunidades

cristianas del mundo pagano les debemos gratitud.

Saluden también a la comunidad que se reúne en

casa de ellos.

 

Saluden a mi querido Epéneto, el primero que en la

provincia de Asia se hizo cristiano. Saluden a María,

que ha trabajado tanto por ustedes. Saluden a

Andrónico y a Junías, mis paisanos y compañeros de

prisión, que se han distinguido en predicar el

Evangelio y en el apostolado, y que se hicieron

cristianos antes que yo. Saluden a Ampliato, a quien

tanto quiero en el Señor. Saluden a Urbano,

colaborador nuestro en el servicio de Cristo, y a mi

querido Estaquio.

 

Salúdense los unos a los otros con el saludo de paz.

Todas las comunidades cristianas los saludan. Yo,

Tercio, el escribano de esta carta, también les mando

un saludo en el Señor. Los saluda Gayo, que me

hospeda a mí y a esta comunidad. Los saludan

Erasto, administrador de la ciudad, y Cuarto, nuestro

hermano. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo

esté con todos ustedes. Amén.

 

A aquel que puede darles fuerzas para cumplir el

Evangelio que yo he proclamado, predicando a Cristo,

conforme a la revelación del misterio mantenido en

secreto durante siglos, y que ahora, en cumplimiento

del designio eterno de Dios, ha quedado manifestado

por las Sagradas Escrituras, para atraer a todas las

naciones a la obediencia de la fe, al Dios único,

infinitamente sabio, démosle gloria, por Jesucristo,

para siempre. Amén.

 

 

 

Lectura del santo Evangelio

según san Lucas (16, 9-15)

 

 

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Con el

dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que,

cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo. El

que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en

las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas,

también es infiel en las grandes. Si ustedes no son

fieles administradores del dinero, tan lleno de

injusticias, ¿quién les confiará los bienes

verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es

de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de

ustedes?

 

No hay criado que pueda servir a dos amos, pues

odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero

y despreciará al segundo. En resumen, no pueden

ustedes servir a Dios y al dinero”.Al oír todas estas

cosas, los fariseos, que son amantes del dinero, se

burlaban de Jesús.

 

Pero él les dijo: “Ustedes pretenden pasar por justos

delante de los hombres; pero Dios conoce sus

corazones, y lo que es muy estimable para los

hombres es detestable para Dios”.

 

 

Palabra del Señor.

 

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

 

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

 

Sobre las Lecturas de Hoy…

 

El dios de cada nación representaba para ella el

ideal, las aspiraciones y, en general, el modelo de

sociedad que cada pueblo quería formar. Artemisa,

Aserá, Baal, Dagón, Pitón, Beelzebú eran los

nombres de algunos de esos dioses ajenos que

pervertían la conciencia popular de los israelitas.

Cuando algún grupo, aldea o nación se sujetaba al

servicio de estos dioses, se sometía a todo el

régimen de ideas que su ideología imponía. Por esto,

cuando Jesús -continuando el discurso del día de

ayer- enfrenta a los fariseos en relación al dinero, no

los acusa de idolatría por tener una escultura romana

en sus casas; los señala como idólatras porque se

han puesto al servicio del dinero, del dios “Manmón”,

y han abandonado el del Dios verdadero. El dinero

ofrece a quienes le rinden culto la falsa creencia de

tener todo asegurado en esta vida; los convierte en

opresores de sus hermanos y en astutas criaturas de

las tinieblas. El Dios de la vida, por el contrario,

muestra cómo el camino para la realización del ser

humano pasa por la libertad de la conciencia, la

solidaridad con los hermanos y la búsqueda del bien

común. Es el Dios solidario quien sale al encuentro

del ser humano para humanizarlo de verdad; para

que ese encuentro genere un mejor vivir como

hermanos, hijos e hijas de Dios, utilizando en

beneficio de todos los recursos que él otorgó

justamente para todos.

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