Una página que rescata hechos y personajes de la historia tanto de nuestro país como de otros. En algunos casos reflejan folklóricas nostalgias pero a la vez nos señalan interesantes novedades que pueden servir de ejemplo para corregir conductas. Proseguimos con el último capítulo del libro inédito de nuestro director titulado LOS HEREDEROS DE LA ESPADA. Los genocidas del Paraguay. Gastón de Orleáns finalizó y proseguimos con Domingo Faustino Sarmiento, el instigador, que ofreceremos en 4 entregas Se agrega el evangelio del domingo del 18 de octubre.
Domingo Faustino Sarmiento (3)
Esta vez el crimen (de Sarmiento) tendrá connotaciones de carácter nacional. Al conocerse los detalles del asesinato en las circunstancias antedichas, se produce una indignación general. El Chacho, personaje pintoresco de poncho y facón al servicio de los humildes, molesta a los terratenientes y a las autoridades corruptas. En cierto modo los caudillos de su clase luchan por el derecho de las mayorías explotadas por Buenos Aires a través de su aduana y de sus terratenientes. El libre cambio propiciado por los unitarios beneficia a los grandes países manufactureros en perjuicio de las provincias. Ya no existen las leyes aduaneras de la época de Rosas. Tanto el Chacho como Quiroga, Saa y Varela, entre varios otros, se convertirán en personajes míticos en las provincias andinas de la Argentina y sus hazañas se cantarán a los sones de voces y guitarras.
A Sarmiento, ni bien le dieron poder ya muestra su verdadera naturaleza. A su pluma le reemplazan los hechos concretos. Es decir, lo que escribe cumple, mata. Pero esta vez no le saldrá barata la matanza. El presidente Bartolomé Mitre le sugiere alejarse del país dado que mucha gente se la tiene jurada al gobernador de San Juan. Sarmiento acepta y se marcha a los Estados Unidos como ministro residente de la Argentina en aquel país. Mucho daño causa esta muerte que tendrá connotaciones para el futuro durante la guerra contra el Paraguay cuando las provincias se nieguen a pelear y organicen alzamientos en contra de la alianza con el Brasil.
Para Sarmiento existen dos clases de argentinos los bárbaros y los civilizados, siendo los primeros la gran mayoría y los segundos un grupo de notables alejados de la realidad. Pero una nación la conforman todos sus habitantes con iguales derechos a la vida, al bienestar y a la búsqueda de la felicidad. Como bien se expresa Alberdi sobre Sarmiento, éste cuando invoca valores, los mismos deben hallarse condicionados a sus intereses políticos, de lo contrario, pierden su sustancia. En el caso de Peñaloza esos valores se pierden pues el remedio resulta peor que la enfermedad. Si al Chacho se lo tilda de bandolero ¿como deberíamos llamarlos a sus matadores? Tales contrasentidos dañan a un país todavía en formación que busca afanosamente la unidad nacional cosa que tan claramente lo tuvo el visionario San Martín.
Durante su estada en Washington comienza la guerra de la triple alianza. Desde allí le escribe a Mitre “aquí nos es todo adverso”. El sanjuanino tan admirador del país donde reside sufrirá el desprecio de su secretario de Estado, William Henry Seward cuyo partido republicano desde el gobierno puso fin a la esclavitud en una cruenta guerra civil que el argentino la ve en su final cuando es asesinado el presidente Abraham Lincoln. En estas cosas el gobierno no tiene pelos en la lengua y a cada momento le hacen notar que su país se alió a una corona esclavista europea para destruir a una república. La prensa americana no se da sosiego en señalar al Brasil como una “monarquía exótica” cuyos propietarios de esclavos pretenden llevar al Paraguay la civilización. “El Brasil, por una necesidad tradicional en su sistema de agricultura, usa del medio horrible, pero necesario allí, de la esclavatura” (Sarmiento. La política de Rosas. Periódico el Progreso. Santiago de Chile, 5 de octubre de 1844.) Así defendía Sarmiento la esclavitud 20 años atrás. Quiere a ese país. Pero ahora, cada vez que el argentino pretende justificar esta condición esclavista de su aliado le salen al paso los funcionarios en forma sarcástica y furibunda. Por eso le señala a Mitre “aquí nos es todo adverso”. En tanto su par brasilero debe sufrir humillaciones a cada momento pues corre la voz que los Estados Unidos luego de ayudarle a Benito Juárez a rechazar a los franceses y ejecutar a Maximiliano de Austria en México, pondrá sus ojos en el Brasil dado que la doctrina del Presidente Monroe ha sido puesta de nuevo en el tapete y a nadie convence que se trata de un país americano sino de una corona portuguesa disfrazada de brasilera. Maximiliano es pariente muy cercano del monarca brasilero y el padre de éste el rey de Portugal. La prensa le echa leña al fuego con aquello de la “monarquía exótica de dueños de esclavos”. Es posible que la tremenda deuda de guerra haya impedido a los americanos invadir el Brasil. Esta es la política de Seward que en plena guerra civil le propuso a Lincoln atacar México y proseguir luego en Sudamérica con el otro imperio. Por eso en Río de Janeiro lo cortejan como a un virrey al ministro norteamericano residente allí, general Watson Wedd. Entre tanto, el secretario de la marina, Gideon Welles, fortifica a la flota americana del atlántico sur. Son varios acorazados, cruceros y cañoneros que comienzan a aparecer en Río de Janeiro poco después del conflicto doméstico americano. Si antes Inglaterra bloqueaba el puerto de esa ciudad exigiendo indemnizaciones por cualquier motivo ahora son otros los guapos. Por su parte, Pedro II debe soportar el agrio carácter de un viejo general que ha cada momento protesta contra el trato dado en ese país a ciudadanos americanos así se trate de truhanes de la peor calaña a la vez que golpea la mesa del emperador con alguna frecuencia. Los americanos se sienten dueños de América. Sarmiento, por eso, pone violín en bolsa y casi no frecuenta los círculos oficiales de Washington porque allí – decir que se es argentino – constituye una mala palabra. No hay que olvidar que murieron más de 500.000 americanos por la causa de la libertad de esclavos y las heridas se hallan muy frescas. La misión diplomática del argentino es un rotundo fracaso. Para mayor contrariedad recibe la penosa noticia de la muerte de su hijo, el capitán póstumo Domingo Faustino Sarmiento (h), caído ante las trincheras de Curupayty. En realidad no es suyo sino del primer matrimonio de su esposa pero lo considera como un hijo muy querido. Escribe una biografía de Dominguito. Su sufrimiento es inmenso y sin consuelo. Algunos autores sostienen que luego de la muerte del joven capitán póstumo, su padre, Domingo Sarmiento, fue otro muy distinto. Otros señalan que a partir de ahí nace en él un odio extremo al Paraguay. Es posible que eso constituya una verdad parcial, pero no se puede desmentir que de suyo la naturaleza del hombre, es violenta y sanguinaria como lo acabamos de ver.
El periodismo le ayuda mucho. A través de los medios ha construido su figura de educador y de hombre de Estado. Las matanzas son ocultadas. Se sabrán muchos años después. Sus amigos gobiernan, y Juan Bautista Alberdi, el que lo tiene bien calado como manipulador, se halla exiliado en París. Este sí que hubiera competido con éxito contra Mitre y Sarmiento. Por eso fue perseguido.
Durante su estada en Washington, al hallarse tan apretado por causa de su misión de apoyar a un aliado indeseable, se dedica a enviar cartas a su amigos políticos y a mover sus hilos. Sobretodo cuando se entera que Mitre lo ha hecho a un lado eligiéndolo a Elizalde como su sucesor y no a él. El sanjuanino mueve el tablero. La gente le teme. Se trata de alguien de cuidado capaz de empañar reputaciones y de llegar incluso al crimen político con tal de alcanzar el poder. Le facilitan su trabajo los enfrentamientos y la suerte de la guerra en que todos tienen su cuota de responsabilidad por no haber derrotado a López después de haber prometido llegar en tres meses en Asunción y ya han transcurrido casi 4 años. En esta ocasión fue apoyado por un militar de prestigio, como el teniente coronel Lucio Víctor Mansilla, héroe de la guerra en el Paraguay y sofocador de incendios con los indios ranqueles. Además, el citado militar es aficionado al periodismo y le gusta Sarmiento. Decíamos que los conflictos internos lo ayudan mucho pues su viejo conocido el General Paunero ha debido regresar del frente de guerra para sofocar los levantamientos contra el gobierno. En cierto modo le favorece hallarse alejado de tanta discordia. Su candidatura cae bien porque se halla ausente, pues todos los presentes tienen un pero para ser objetados. No obstante, hay que reconocerle muñeca política. No cualquiera se hace elegir presidente fuera de su patria.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos (10, 35-45)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte”. El les dijo: “¿Qué es lo que desean?” Le respondieron: “Concede que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”. Jesús les replicó: “No saben lo que piden. ¿Podrán pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que seré bautizado?” Le respondieron: “Sí podemos”. Y Jesús les dijo: “Ciertamente pasarán la prueba que yo voy a pasar y recibirán el bautismo con que yo seré bautizado; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; eso es para quienes está reservado”.
Cuando los otros diez apóstoles oyeron esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús reunió entonces a los Doce y les dijo: “Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos, así como el Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.