LA PAZ DEL CHACO


Este capítulo de nuestra historia cada vez es menos conocido. No se trató de una guerra de capitalistas como los marxistas paraguayos la llaman y que con ese pretexto todos ellos se metieron debajo de sus camas para no ir a pelear. El deseo de apoderarse del Chaco por parte de Bolivia comenzó luego del genocidio del Paraguay perpetrado por el Brasil durante la guerra de la Triple alianza. Particularmente luego del fallo del presidente de los Estados Unidos en 1878 otorgándole al Paraguay el Chaco desde el Pilcomayo hasta el río Verde. El presidente Fernando Lugo recientemente se fue a decir a la Argentina que si él hubiera sido el presidente del Paraguay esa guerra no se hubiera llevado a cabo. Para que en el futuro lea y se informe mejor de tales acontecimientos le ofrecemos él y a su colaboradores la investigación de un alumno de la Universidad Columbia, el señor Eduardo Sánchez Gauto, acerca de lo que representó para el Paraguay el tratado de la paz del Chaco. Con su trabajo más su examen obtuvo 5 felicitado. El alumno nada tiene que ver con la intención del copete de esta página. Pero da a luz datos interesantes acerca de aquella contienda en su aspecto diplomático. Lo publicamos porque en nuestro país algunos hablan de lo que no saben y para colmo de males ¡son
autoridad!

1. Introducción
El tratado del 21 de julio de 1938 de Paz, Amistad y Límites con Bolivia puso fin definitivo a la cruenta Guerra del Chaco, cuyas hostilidades transcurrieron de 1932 a 1935. En el presente trabajo examinaremos, primero, la serie de tratados anteriores al Tratado de Paz de 1938. Ellos nos ilustrarán la evolución de las tratativas bilaterales acerca de la cuestión de límites en el Chaco.
Posteriormente examinaremos brevemente el contenido del Tratado en sí, como también del Laudo Arbitral por él requerido. Finalmente, emitiremos nuestra opinión a manera de conclusión.
Para la realización de este trabajo hemos consultado la recopilación documental oportunamente publicada por Félix Paiva Alcorta, nieto del Dr. Félix Paiva. El «archivo Paiva» que de esa forma fuera sacado a la luz pública es un valioso instrumento para conocer los entretelones de la negociación que condujo a la firma del Tratado, el 21 de julio de 1938. Además hemos consultado otras fuentes, como las Memorias del coronel Arturo Bray, y otras obras generales de referencia sobre la historia reciente de nuestro país, que proporcionan el fondo de información general sobre el cual haremos nuestro estudio. Deseo agradecer la ayuda brindada para la realización de este trabajo al Profesor de la Cátedra y al Pastor Lic. Leonardo Álvarez Ramos, historiador, quien generosamente me ha facilitado la consulta de su Biblioteca especializada en Historia. Dejo, entonces, este trabajo a consideración del lector, en la esperanza de que su lectura sea útil y provechosa. Asunción, 23 de noviembre de 2008.
2. Proyectos de Tratados bilaterales previos al Tratado de 1938 Desde la misma independencia de ambos países, se ha reconocido que la demarcación definitiva de límites entre Bolivia y Paraguay era una cuestión litigiosa. Después de la finalización de la devastadora Guerra de la Triple Alianza, ambos países buscaron zanjar la cuestión del Chaco con diversas rondas de negociación. Ello produjo varios instrumentos suscritos por los representantes de ambos países; pero diversos motivos, entre los que se puede contar la falta de arreglos auténticamente satisfactorios para ambas partes, y la inestabilidad política de ambos Estados, hizo que todos estos instrumentos nunca fueran ratificados. Aun así, estos instrumentos se erigen en testigos de la voluntad de ambos países de hallar un entendimiento
satisfactorio que ayudara a superar el litigio, y la vocación firme y decidida de ambos países al diálogo pacífico.
A continuación pasamos a citar los principales instrumentos
bilaterales. Para ello puede consultarse cualquier obra de Historia general contemporánea del Paraguay; en mi caso, he consultado tanto la reseña, sesgada y llena de retórica vacía pero no exenta de valor histórico, de Luis A. Argaña, y la reseña de Aníbal Benítez Fernández, más sobria y equilibrada.
Proyecto de Tratado Decoud—Quijarro. Este instrumento, firmado el 15 de octubre de 1879, adjudicaba definitivamente a Bolivia 200.000 km2 de territorio reivindicado por Paraguay; es decir, toda la zona al norte de la desembocadura del río Apa. A Paraguay le quedaban solamente 124.000 km2. No fue ratificado.
Proyecto de Tratado Aceval—Tamayo. Este instrumento fue suscrito el 16 de febrero de 1887. Establecía que el tratado debía dividirse en tres secciones: una al norte, para Bolivia; una al sur, para Paraguay, de 123.450 km2. La sección intermedia debía quedar sometida al arbitraje del Rey Leopoldo II de Bélgica. No fue ratificado.
Proyecto de Tratado Benites—Ichazo. Este instrumento fue suscrito el 23 de noviembre de 1894, y en virtud del mismo debía cederse a Bolivia un área territorial de 220.675 km2, quedando para el Paraguay un área de 103.325 km2. Tampoco fue ratificado.
Protocolo Soler—Pinilla. Este instrumento fue suscrito el 12 de enero de 1907 entre, el representante boliviano, Claudio Pinilla, y el ministro de Hacienda del Paraguay, Adolfo R. Soler. Este protocolo es el instrumento más ventajoso de todos cuantos habían sido suscritos antes del Tratado Definitivo de Paz, Amistad, y Límites con Bolivia; y adjudicaba al Paraguay un área territorial de 178.100 km2. Al parecer había intención de ratificarlo en nuestro país, pero la inestabilidad política no lo permitió.
Todos estos tratados y protocolos eran mucho más desventajosos que el Tratado de Paz,
Amistad y Límites con Bolivia, el cual pasaremos a examinar en detalle a continuación.
Luis A. Argaña, «El Tratado de Paz, Amistad y Límites con la República de Bolivia del 21 de julio de 1938», versión taquigráfica de una conferencia pronunciada en el Teatro Municipal el 6 de agosto de 1938, en Paiva Alcorta, Félix, La Paz del Chaco: Documentos para el estudio de las tratativas que concluyeron en el tratado de Paz, Amistad y Límites con Bolivia (Asunción: El Lector, 1983), pp. 234ss.
Benítez Fernández, Aníbal, «La Guerra del Chaco», en Crónica Histórica Ilustrada del Paraguay, vol. 3(Buenos Aires: Distribuidora Quevedo de Ediciones, 1997), pp. 750–754.
3. Tratado Definitivo de Paz, Amistad y Límites con Bolivia
El Tratado Definitivo de Paz, Amistad y Límites con Bolivia fue suscrito por la República de Bolivia, representada por el Dr. Eduardo Diez de Medina, Ministro de Relaciones Exteriores, Propaganda y Culto; y por la República del Paraguay, representada por el Dr. Cecilio Báez, Ministro de Relaciones Exteriores y Culto. Además, suscribieron el Tratado otros miembros de las delegaciones de Paraguay, Bolivia, y los países de la Comisión de Neutrales:
Enrique Finot
José Félix Estigarribia
Luis A. Riart
Efraím Cardozo
José María Cantilo
José de Paula Rodrigues Alves
Orlando Leite Ribeiro
Manuel Bianchi
Spruille Braden
Felipe Barreda Laos
Luis Fernán Cisneros
Eugenio Martínez Thédy
Isidoro Ruiz Moreno
P. Santos Muñoz
Para nuestro estudio del Tratado hemos utilizado como fuente una copia autenticada obrante en los archivos del Dr. Carlos Saavedra Lamas, que concuerda en lo esencial con la copia adjunta al Acta del 9 de julio de 1938.4
3.1. Contenido del tratado
En su redacción, el tratado establece lo siguiente:
1. Queda restablecida la paz entre Paraguay y Bolivia.
2. La demarcación de las fronteras se deja a un laudo de árbitros, Presidentes de los países representados en la Comisión de Neutrales, quienes debían adjudicar una porción de territorio demarcado con precisión en un plazo máximo de dos meses, y luego amojonar el terreno. Esta porción de terreno sometida al arbitraje tiene una superficie de 41.500 kilómetros cuadrados.
3. Se deberán restablecer las relaciones diplomáticas entre ambos países. 4. Ambos países renuncian a toda acción o reclamación por
responsabilidades de guerra que pudieran tener entre sí.
3Tratado de Paz, Amistad y Límites entre las Repúblicas de Bolivia y Paraguay, copia autenticada obrante en el archivo de la Indiana University. Documento en línea, disponible en
http://webapp1.dlib.indiana.edu/
collections/lon-un/league_era/lamas/docs/lamtr003.pdf.
4Véase Paiva Alcorta, Félix, La Paz del Chaco: Documentos para el estudio de las tratativas que concluyeron
en el tratado de Paz, Amistad y Límites con Bolivia (Asunción: El Lector, 1983), pp. 206–210.
5. Se produce un compromiso de no agresión entre ambos países, que «se obligan solemnemente, a no hacerse la guerra, ni a emplear, directa o indirectamente, la fuerza como medio de solución de cualquier diferendo actual o futuro»; obligándose, en cambio, a «a recurrir a los procedimientos conciliatorios y arbitrales que ofrece el Derecho Internacional, y especialmente, las convenciones y pactos americanos» (Art. 10).
6. Se le conceden garantías de libre tránsito de mercaderías a Bolivia por Puerto Casado, y facilidades para la instalación de agencias aduaneras y depósitos en dicho puerto; y
7. El Tratado deberá ser ratificado: En Paraguay, por un plebiscito; y en Bolivia, por la
Convención Nacional Constituyente.
Como lo establecía el Tratado, éste fue ratificado por plebiscito en nuestro país, el cual fue celebrado en el 10 de agosto de 1938 con los siguientes resultados:
135.385 votos por la aprobación del Tratado;
13.204 votos por el rechazo del tratado; y 559 votos en blanco. Esta aprobación, por abrumadora mayoría, fue convalidada por una Acordada del Superior Tribunal de Justicia.
3.2. Breve análisis
El Tratado tiene una redacción breve y sencilla, que lo hace de interpretación relativamente fácil. En él se hace evidente el compromiso del Paraguay para alcanzar la paz, pues a pesar de su victoria militar, cede mucho terreno a Bolivia, y consigna una gran fracción de lo que siempre ha sostenido como su territorio al laudo arbitral, que posteriormente asignó dichos territorios a Bolivia. Otro punto resaltante que se percibe en la redacción del mismo es el insobornable compromiso con la paz y la amistad de ambos países, evidenciados en los Arts. 1, 6, 9 y 10. Se nota que más allá de los manejos y cuestionamientos que pudieran haber surgido, el deseo para la paz era recíproco. Otro punto que quizás también esté causado por ese ferviente deseo de sellar una paz propia de pueblos hermanos es la división del territorio objeto de las prescripciones del Tatado en dos secciones, una definitivamente adjudicada al Paraguay, de 232.650 km2 de superficie, y otra sometida al laudo arbitral de 41.500 km2; de este modo se evitaban más discusiones estériles.
3.3. Laudo Arbitral del 10 de octubre de 1938
Los Árbitros designados en el Tratado emitieron su fallo el 10 de octubre de 1938, delimitando definitivamente la línea fronteriza entre Bolivia y Paraguay. Dicho fallo no fue favorable a las pretensiones paraguayas, pues básicamente se entregó la zona destinada a laudo (la zona entre Ravelo e Ingavi) a territorio boliviano.
El área sometida a arbitraje tiene la extensión de 41.500 km2, de los cuales 31.500 km2 estaban siendo ocupados por el ejército paraguayo. Es decir, había una porción de terreno que no era ocupada por nuestras tropas.
4. Reacciones al Tratado de Paz
La noticia de la firma del Tratado de Paz y los términos del mismo merecieron una recepción dividida en la opinión pública paraguaya. Por un lado, se elevaban diversas objeciones, especialmente del sector militar y de los ex–combatientes, a quienes les costaba aceptar la entrega de una porción de terreno ya ocupada por nuestras tropas, y conquistada a sangre y fuego. Por el otro, estaba el grupo
«cuarentista», que utilizó la firma del tratado de paz como puntal de su proyecto político, que lo defendió a ultranza como la mejor solución de todas; y ante la orfandad de muchos argumentos, llegó a decir que las concesiones efectuadas eran «el precio de la paz», según las propias expresiones del Dr. Luis A. Argaña5 Vamos a ocuparnos brevemente de los principales argumentos de cada parte. Para ello no utilizaremos la propaganda panfletaria, sino la pluma de los intelectuales de la época, tal como obra en registros confiables como los de Paiva Alcorta y Bray.
4.1. Oposición y críticas al Tratado
Las prescripciones del Tratado de Paz, Amistad y Límites con Bolivia del 21 de julio de
1938 conocieron de intensas críticas y objeciones por parte de diversos sectores de la sociedad. Fueron especialmente críticos, según se puede entrever, un sector de la diplomacia y la intelectualidad paraguaya, el sector militar, y los ex-combatientes. La Conferencia pronunciada por Argaña el 6 de agosto de 1938 contiene un buen resumen de las críticas arrimadas, las cuales paso a exponer brevemente: Sometimiento al arbitraje de una zona conquistada por nuestro ejército. En efecto,
el Tratado somete a arbitraje una zona de 41.500 km2, de los cuales 31.500 km2 estaban siendo ocupados por el ejército paraguayo. Aun peor, posteriormente, los Árbitros adjudicaron la zona en arbitraje a Bolivia; por lo que el Tratado implicó en la práctica la cesión a Bolivia de una porción de territorio que ya había sido conquistada por el Ejército Paraguayo.
Abandono de las aspiraciones históricas del pueblo paraguayo con relación al territorio chaqueño. Es decir, el Tratado no consagra las pretensiones históricas fundamentales del Paraguay, que definen a su Chaco como limitado al Norte por el río Parapití, los Bañados del Izozog y la Serranía de los Chochis. La porción definitivamente adjudicada está muy lejos de dichos límites; y aun la zona sometida a arbitraje (y después asignada a Bolivia) no alcanzaba dichos límites históricos.
Se concede un puerto franco a Bolivia en territorio paraguayo. El Tratado, en su Art. 7, concede a Bolivia «derecho de instalar sus agencias aduaneras y construir depósitos y almacenes»
en la zona de Puerto Casado. Esto fue visto por muchos críticos como un insoportable atropello a la soberanía nacional.
El Tratado no refleja la victoria paraguaya. Al someter a arbitraje una porción de territorio en la que se incluían 31.500 km2 de terreno ya conquistado y ocupado por nuestro ejército, el Tratado
evidentemente no reflejaba el estado victorioso del Ejército Paraguayo al finalizar las hostilidades.
Luís A. Argaña, «El Tratado de Paz, Amistad y Límites con la República de Bolivia del 21 de julio de 1938», versión taquigráfica de una conferencia pronunciada en el Teatro Municipal el 6 de agosto de 1938, en Paiva
Alcorta, La Paz del Chaco, pp. 225–244.
El Tratado fue ratificado irregularmente. Dado que el gobierno de Paiva, hasta ese entonces, era un gobierno de facto y el Parlamento, órgano con la facultad constitucional de ratificar tratados
internacionales, se hallaba disuelto, el Tratado fue ratificado por un plebiscito celebrado el 10 de agosto de 1938, lo cual haría que la ratificación del tratado fuera nula o altamente irregular en el mejor de los casos.
De entre todos los críticos, son notorias las objeciones que hicieron Higinio Arbo y Arturo Bray, quien sentenció de modo fulminante: «la paz con Bolivia era necesaria, sin duda, pero no en los términos de un indigno sainete».
Las objeciones que se siguen escuchando hasta ahora son la segunda y cuarta; es decir,
la principal crítica al Tratado que ha perdurado es que no refleja las históricas aspiraciones y derechos nacionales sobre el Chaco, y tampoco refleja la victoriosa actuación paraguaya en la guerra. 4.2. Argumentos a favor del Tratado
El ministro Argaña, en su conferencia del 06 de agosto de 1938, resume brevemente, los argumentos en favor de la adopción del Tratado firmado el 21 de julio de 1938:
De la exposición que precede, se deduce que el Tratado de Paz presenta las siguientes ventajas para nuestro país:
1. Consagra una paz definitiva y justa; y evita, en consecuencia, a nuestro pueblo los horrores y la tragedia de una nueva guerra; 2. Salva para el Paraguay definitiva e irrevocablemente todo el litoral de su río epónimo;
3. Adjudica de un modo irrevocable al Paraguay el hinterland de su río y la zona Hayes;
4. Adjudica definitivamente al Paraguay, sin discusión ni arbitraje, la mayor parte del Chaco
Boreal (casi las tres cuartas partes) con la expectativa de
acrecentar, más aún, mediante el fallo arbitral, el área territorial de su soberanía.8
En esencia, estos fueron los argumentos utilizados por los
propagandistas del Tratado para proponer a la opinión pública su aceptación. Con la salvedad de que el arbitraje mencionado en el cuarto punto fue desfavorable para nuestro país, son argumentos muy sólidos y bastante convincentes. Esto, y el insobornable compromiso del Paraguay con la paz, son los que explican la ratificación del Tratado por la insólita vía del plebiscito.
No sirve de mucho resumir el resto de la Conferencia del Dr. Luis A. Argaña, pues aunque hace gala de elocuencia, los argumentos que emplea para buscar la convicción de su auditorio carecen de mucho valor, apelando más bien a la emotividad y aun a la falacia. Estas severas deficiencias hacen que la Conferencia de Argaña exhiba una severa orfandad de argumentos sustanciales y pertinentes que pudieran apuntalar su caso, perdiendo, por lo tanto, casi todo atractivo. Higinio Arbo, «El proyecto de tratado de paz y límites del 9 de julio de 1938: Breve exposición de los motivos
de mi oposición al mismo», 10 de julio de 1938, en Paiva Alcorta, La Paz del Chaco,, pp. 212–220
7Arturo Bray, Armas y letras: memorias, vol. III (Asunción: Ediciones NAPA, 1981), pp. 60–65.
8Argaña, «El Tratado de Paz…», en Paiva Alcorta, La Paz del Chaco, p. 228. 5. Conclusión
La firma del Tratado de Paz, Amistad y Límites con Bolivia el 21 de julio de 1938, junto con su posterior y muy sui generis ratificación plebiscitaria, acaecida el 10 de agosto de 1938, y el fallo arbitral del 10 de octubre de 1938, constituyen un momento histórico de la diplomacia paraguaya tan trascendental como polémico. Es así, porque a setenta años de su firma podemos decir confiadamente que el Tratado se constituyó en un eficaz capítulo de cierre de la cruenta, dolorosa y abrumadora Guerra del Chaco, que enlutó a tantas familias a un extremo tal, que estuvo a punto de hacer que la victoria de nuestras armas y soldados se transforme en inútil victoria pírrica, inservible para un país postrado y sin recursos. En cambio, la firma del Tratado cerró eficazmente la amenaza de las hostilidades, y permitió a nuestro país dedicarse a su reconstrucción, en la cual sin duda ha estado siempre el anhelo de utilizar racional y apropiadamente el Chaco para el engrandecimiento del país.
Sin embargo, el Tratado no estuvo exento de polémica, la cual a mi criterio aún no cesa, y dudo mucho de que lo haga en un futuro próximo. Pienso que esto se debe a que las prescripciones de este tratado pueden parecer a primera vista como excesivamente
desventajosas para los intereses del Paraguay, cediendo demasiado sin obtener mucho a cambio, con el agravante de que toda cesión o concesión se hizo sobre la base de las vidas de miles de soldados, clases, oficiales y jefes que dejaron sus vidas para conquistar un territorio que nuestro país reclamaba como propio. Por tanto, se impone la cuestión: ¿Cómo debemos valorar este Tratado de Paz, Amistad y Límites? ¿Es un fecundo instrumento para la paz, o fue una incalificable claudicación, casi equiparable a la traición a la Patria? Para decidirnos en esta cuestión, debemos examinar los argumentos a favor y en contra del Tratado que hemos mencionado anteriormente, y pronunciarnos sobre su pertinencia.
En primer lugar, debemos reconocer que los argumentos en pro del Tratado —tal como los enumerara el Dr. Luís A. Argaña en su sermón venido a conferencia— son absolutamente inobjetables en su valor, aun cuando se los haya vestido de un ropaje falaz la mayoría de las veces. Las ventajas del reconocimiento de un territorio nunca antes concedido por Bolivia, junto con la paz y amistad definitiva entre ambos pueblos, son contundentes; y celebramos por ello que nuestro país haya podido arribar a una solución diplomática a la sangrienta Guerra del Chaco. Y si bien se hicieron concesiones, se puede alegar que las mismas han sido decorosas.
En ese sentido se manifiesta el entonces presidente, Dr. Félix Paiva: Ante la expectativa (sic) de una nueva guerra o de la paz armada, el Gobierno ha preferido hacer concesiones de parte de sus derechos y conservar incólume el objetivo fundamental de esos mismos derechos, por cuya reconquista nuestro pueblo en armas, durante tres años, ha regado con la sangre generosa de más de treinta mil soldados la vasta región inhóspita del Chaco, reeditando con igual heroísmo las hazañas inigualadas de nuestros mayores en los cruentos sacrificios
recordados.
Esta solución a la que se ha dado cima es aceptable y decorosa. Rubrica casi íntegramente toda la vasta extensión territorial que reivindicaron nuestras armas en la última tragedia (sic). La zona, que ya en forma definitiva se nos adjudica por el Acuerdo, representa aproximadamente las tres cuartas partes del Chaco Boreal. Si a ella se agrega, como se agregará muy pronto lo que por el arbitraje se nos adjudique, ya que se trata de un arbitraje de equidad, nuestra porción territorial en el Chaco acrecerá en forma muy sensible.
9Dr. Félix Paiva, «Discurso del Dr. Féliz Paiva, agosto de 1938», en Paiva Alcorta, La Paz del Chaco, pp.
251s.
Ahora bien, es necesario reconocer que las objeciones son también dignas de mucho mérito. Salta a la vista que la extensión de territorio adjudicada no refleja la última ubicación de los
beligerantes, implicando en la práctica la cesión de 31.500 km2. Ello a primera vista podría erigirse en una objeción de peso; pero contra este argumento están no precisamente las figuras retóricas vacías de algunos políticos asuncenos de la época, sino el Derecho
Internacional, que había consagrado en el Tratado Antibélico de No Agresión y Conciliación, más conocido como Pacto Saavedra Lamas, suscrito en Río de Janeiro el 10 de Octubre de 1933 con la firma de Paraguay, quien también lo ratificaría en esos días:
Las cuestiones territoriales no deben resolverse por la violencia, y [los Estados signatarios] no reconocerán arreglo territorial alguno que no sea obtenido por medios pacíficos, ni la validez de la ocupación o adquisición de territorios que sea lograda por la fuerza de las armas. (Art. II).
A vista de esta disposición a la que el Paraguay se adhirió —ya con la firma de sus representantes en 1933— la objeción carece de peso, pues la fuerza de las armas no otorga derechos en las relaciones entre los Estados. Pero lo que el Pacto Saavedra Lamas nunca podrá hacer es negar las pretensiones legítimas del Paraguay al dominio de su territorio histórico, pretensiones basadas en sólidos argumentos históricos y jurídicos. Lamentablemente, en este aspecto se puede apreciar un rotundo fracaso de la diplomacia paraguaya, pues el Tratado prescribe, en su Art.
3:«Los árbitros se pronunciarán oídas las Partes y según su leal saber y entender, teniendo en cuenta la experiencia acumulada por la Conferencia de Paz y los dictámenes de los asesores militares de dicha entidad». No sólo se eliminan los argumentos jurídicos e históricos entre los que deberán ser tenidos en cuenta por los árbitros, sino que además, en el Borrador del Tratado anexo al Acta del 9 de julio de 193810 dice expresamente en su Art. 2, que es concordante con el Art. 3 de la redacción definitiva: «Los árbitros se pronunciarán prescindiendo de títulos de mejor derecho y alegatos jurídicos, según su leal saber y entender…» (Énfasis mío).
Al consentir el Paraguay en dejar de lado los derechos que por razón histórica le pertenecen, sentenció el destino del laudo arbitral; pues era notorio que la Comisión de Neutrales quería favorecer a Bolivia. Asimismo, esta exclusión comporta un reconocimiento implícito de que el Derecho realmente se sitúa del lado paraguayo, y que por tanto los Neutrales sabían que iban a fallar de un modo contrario a la equidad. Otra objeción jurídica muy válida se refiere a la ratificación del Tratado. Sabido es que
el gobierno de Paiva, en ese momento, era un gobierno de facto, instalado como títere de jefes militares, y por dicha razón no se contaba con un Parlamento. Por tanto, para ratificar el Tratado se tuvo que recurrir a un plebiscito. Esta solución, si bien fue aceptada por el Superior Tribunal de Justicia, no deja de ser una muy sui generis forma de ratificar un Tratado internacional tan trascendente como éste, totalmente de contramano con lo que prescribía nuestra Constitución de entonces, que daba esa facultad al Poder Legislativo. Atendiendo a la trascendencia de este instrumento jurídico, quizás hubiera sido mucho más apropiado esperar a la instalación de un Parlamento para ratificar el Tratado de un modo plenamente conforme a Derecho. Inicialmente, lo prescripto en el Art. 7 del Tratado acerca de la instalación de aduanas bolivianas en la zona de Puerto Casado me sorprendió como algo lesivo a la soberanía nacional; pero la reflexión serena me hace ver que el libre tránsito no es sólo un derecho subjetivo de las personas, sino que además es un principio del Derecho Internacional que se hace aun más necesario en países mediterráneos como Bolivia y Paraguay; por tanto, considero esta prescripción acorde a la equidad, aun cuando pueda parecer a primera vista como
sorprendente o excesiva. Aun
10Véase el texto completo en Paiva Alcorta, La Paz del Chaco, p. 209 más, yo aconsejaría a nuestro Gobierno tener siempre una disposición de preferencial y amistosa acogida a todo planteamiento de Bolivia buscando un acceso al río Paraguay —siempre dentro de las
disposiciones del Derecho Internacional y el respeto a nuestra soberanía— por razones de elemental y justa solidaridad, y de «nobleza obliga» con un vecino aislado y víctima de históricas injusticias al igual que nosotros.
Finalmente, luego de considerar los argumentos en pro y en contra del Tratado, debo decir que ha sido una buena solución al litigio de límites que enlutó en cruenta guerra a ambos países.
Sin embargo, la adopción del mismo fue envuelta en intrigas, maniobras y presiones tales que el interés nacional fue lesionado. Con negociadores más patriotas, con menos ansia de poder y con un sentido de la ética más elevado, se hubiera podido arribar a un mejor resultado. Sin estar totalmente de acuerdo con los tajantes juicios de Arturo Bray, cuando hago mías sus palabras, nos dice:
“El dilema no era paz o guerra, como nos lo presentaba Cardozo, sino paz que consultara nuestros intereses y legítimos derechos, o en último caso, armisticio por tiempo indefinido. En esta última instancia, la situación no carecería de conocidos antecedentes en la historia militar de los pueblos… Verdad es que con Zubizarreta se hubiera tardado quién sabe cuántos meses más en firmar la paz, pero sin él, perdíamos una parte nada desdeñable de territorio conquistado por la fuerza de las armas. Ya es hora de que nuestros representantes se pongan a trabajar sin tener en cuenta mezquindades politiqueras; y se dediquen a buscar, en cambio, los altos intereses de la Patria, para situarla en el lugar de respeto y consideración que legítimamente se merece en el concierto de las naciones”. Arturo Bray, Armas y Letras vol. III, pp. 61, 65.

6. Bibliografía
Barriga, Pablo R., «Las causas de la Guerra del Chaco». Artículo en línea. Disponible en http://
prbarrigadavalos.blogspot.com/2007/01/las-causas-de-la-guerra-del-chaco.html Benítez Fernández, Aníbal. «La Guerra del Chaco». En Crónica Histórica Ilustrada del Paraguay, vol 3. Buenos Aires: Distribuidora Quevedo de Ediciones, 1997, pp. 750–754.
Bray, Arturo. Armas y Letras: Memorias. Volumen III. Colección Libro Paraguayo del Mes, No. 12. Asunción: Ediciones Napa, 1981.
Paiva Alcorta, Félix. La Paz del Chaco: Documentos para el estudio de las tratativas que concluyeron en el Tratado de Paz, Amistad y Límites con Bolivia. Asunción: El Lector / Instituto Paraguayo de Estudios Geopolíticos y de Relaciones Internacionales, 1983.
Tratado Antibélico de No–Agresión y Conciliación (Pacto
Saavedra–Lamas). Suscrito en Rio de Janeiro el 10 de octubre de 1933. Documento en línea del Departamento de Derecho Internacional de la Organización de Estados Americanos, disponible en
http://www.oas.org/juridico/spanish/tratados/b-9.html.
Tratado de Paz, Amistad y Límites entre las Repúblicas de Bolivia y Paraguay. Suscrito en Buenos Aires el 21 de julio de 1938. Copia autenticada autografiada por P. Santos Muñoz, obrante en el archivo de la Indiana University. Documento en línea, disponible en
http://webapp1.dlib.indiana.edu/collections/
lon-un/league_era/lamas/docs/lamtr003.pdf.

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2 respuestas a LA PAZ DEL CHACO

  1. antonio benitez dice:

    SR. DIRECTOR:
    Más temprano que tarde tendríamos que acceder a un trabajo intelectual de este nivel sobre los detalles históricos del Tratado de Itaipú, a la negociación me refiero. Coincido con el padre Meliá (SJ), quien en ocasión de una entrevista por el Bicentenario, afirmó que la historia de nuestro país se reescribe a partir de 1973, con la firma del tratado leonino. Y uno de sus protagonistas, Carlos A. Zaldívar, orondo habitué de la Junta de Gobierno tiene la obligación de explicar y deslindar responsabilidades.

  2. ES MUY FACIL OPINAR SOBRE LA FIRMA DEL TRATADO,sin enterarse antes de porque..que se llegò a eso..Le recomiendo leer mi libro titulado SALTO DEL GUAIRA,ENTONCES CASUS BELLI CON EL BRASIL(460 pags)en el Ud., se enterarà del inicio de los hechos que dieron lugar luego a la firma del Tratado de Itaipu…Atentamente

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