EPOCAS Y PERSONAJES


Una página que rescata hechos y personajes de la historia tanto de nuestro país como de otros países. En algunos casos reflejan folklóricas nostalgias pero en otros nos señalan interesantes novedades que pueden servirnos de ejemplo para corregir conductas.

 HAPORE STALIN

Una mirada bonachona resalta a pesar de la tupida barba, los mostachos y un llamativo parecido con un sanguinario dictador soviético de la época. El hombre ejerce su profesión de lustrabotas con “alegría y buen humor” como el mismo repite en forma constante. Algunos parroquianos lo apodan “Hapore” pero otros lo llaman Stalin, apodos conservados hasta su muerte.

 Su esfera de acción gira en torno al ya desaparecido Bar Felsina, en la esquina de Palma y 14 de Mayo, lugar donde Hapore cuenta con un gran sillón de bronce sobre un entarimado al estilo europeo para atender a su numerosa clientela que, entre sorbos de café y ansiosos mordiscos de pasteles inolvidables observan risueños los formidables pases como los llama él a los cambios continuos entre ambas manos para lustrar zapatos a velocidad supersónica. Este solo espectáculo vale el pequeño sobreprecio respecto de los demás lustrabotas de la zona, por lo general niños, extasiados con su pulida  técnica que tratan infructuosamente de emular.

 Comienza a trabajar en el oficio a finales de la década de los años cuarenta pero su momento estelar, al decir de un gran escritor, llega en los finales de la década de los años cincuenta y principios de los sesenta, época en que además de lustrar, oficia de cobrador vestido de frac con un lema llamativo grabado en letras de molde de color blanco en la espalda “Cobrador de Morosos”.

 Los deudores al verlo acercarse le hacen elocuentes señas para impedir que ingrese al local comercial de su propiedad. Le envían emisarios con el importe de sus obligaciones acompañado de una jugosa propina a los efectos de evitar el escarnio público dado que muchos conocidos chismosos  acompañan en la faena al folclórico cobrador para luego esparcir en el seno de “la sociedad”  el nombre de los infractores.

  Por si esto fuera poco, al mismo tiempo oficia de publicista de pilas  para radios portátiles allá por 1958 a 1968. “Pilas Lámina, presente en todas partes” reza el cartel en el adverso y el reverso de la  voluminosa anatomía de Stalin, porque aparte de risueño y simpático, el sujeto es glotón al extremo de despacharse una docena de pastelitos en breves minutos.

  Pasear por Palma sin verlo a Hapore Stalin constituye  una rareza por esos tiempos,  al extremo de preguntar algunos el porqué de su ausencia, si se encuentra enfermo o cual el motivo de su inasistencia. A finales de los años sesenta desaparece de la escena para siempre. Nos comentaron que falleció en la ciudad de Formosa – Argentina. Con él se fue una figura singular de la Asunción de antaño.

 En su homenaje un Ingeniero de la Ande que nunca aceptó el nombre de Stalin sino el de Hapore, hace unos años atrás – para ser precisos el 4 de octubre de 1999 a las siete de la noche- exclamo con voz estentórea en el ultimo piso de la Torre Eiffel en Paris ante la sorpresa de los ocasionales espectadores, lo siguiente:

“Rabidranant Tagore tapokomi nde pore heiramo Hapore” Ninguno de los presentes supo descifrar el idioma empleado, pero el nombre de Hapore aunque más no fuera por última  vez resonó con fuerza en la ciudad luz.

 

 

LOS ERRORES POLÍTICOS SE PAGAN CARO

 

 En 1854 se funda el Partido Republicano en los EE.UU. Estos prueban suerte en 1856 y son derrotados por el poderoso e invencible Partido Demócrata. Su líder,  Stephen Douglas, acepta con aire de perdonavidas en 1858 el desafío para unos debates por una banca en el Senado de los EE.UU por parte de un desconocido político republicano proveniente del no tan bien mirado lejano oeste. En aquellos debates que se hicieron memorables el desconocido  le hizo decir cosas a Douglas respecto de la esclavitud que no gustaron a los demócratas del sur. Ese era el tema central que  colocaba al borde de la guerra civil a los estados de la unión.  En las elecciones por el senado el desconocido perdió pero dejó clavado su puñal.  Como consecuencia,  en noviembre de 1860, los demócratas se presentaron totalmente divididos en las elecciones presidenciales. Así, Douglas, fue derrotado por el desconocido abogado de las praderas del oeste. Su nombre: Abraham Lincoln, decimosexto presidente de los EE.UU.

En las elecciones de 1912, Teodoro Roosevelt, quien fuera Presidente de los EE.UU. en períodos anteriores por el Partido Republicano resuelve postularse de nuevo. Pero como se enemistó con el entonces Presidente Van Buren porque éste buscaba su reelección, resolvió fundar su propio partido. Con tal decisión dividió a los republicanos, y así permitió que, Wodrow  Wilson, un desconocido demócrata y profesor de una perdida universidad, ganara las elecciones sin contratiempos. Tanta fue la rabia de los republicanos contra  Roosevelt que éste, para aplacar la ira de sus antiguos correligionarios, no tuvo mejor idea que salir del país para ir a cazar tigres al Paraguay y al Brasil. Así, llegó a Villa Rica donde en 1913 se encontró con sus paisanos los señores Chase y Harrison quienes muy orgullosos lo recibieron en la estación. No está demás decir que los apellidos mencionados se difundieron notablemente en el Paraguay.

LA UNICA VEZ QUE NAPOLEÓN TUVO MIEDO

 

Si hubo un hombre de coraje este fue Napoleón. Lo demostró en numerosas batallas en donde se expuso a las balas y  a los cañonazos como cualquier soldado raso. Sin embargo una vez tuvo un miedo atroz. Dos de sus colaboradores más influyentes se odiaban y el fomentaba esa división. El uno era Talleyrand, su  ministro de relaciones exteriores, y el otro, José Fouché, su ministro de Policía. Ambos votaron por la cabeza de Luis XVl, y sobrevivieron a la revolución, al terror de Robespierre, al Directorio y al Consulado, acomodándose con el Imperio napoleónico. Ambos eran maestros consumados de la intriga y la delación. Carecían de escrúpulos lo dos, eran capaces de cualquier cosa. En ellos se reunía una peligrosidad política terrible dado que  poseían papeles comprometedores de las figuras más notables, incluido el emperador, pero mientras se mantuvieran como enemigos nada sucedería. El susto sobrevino cuando uno de los espías de Napoleón le susurró al oído: “Sire, anoche Talleyrand y Fouché cenaron juntos e hicieron las paces”.

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